Rescate

La Voz

OPINIÓN

CÉSAR CASAL GONZÁLEZ

16 nov 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

EL mar es una batidora, una batidora cruel. Las olas son un muro de cuatro, cinco metros de altura, un muro que se mueve, que golpea. El mar, a veces, es de ladrillo. El barco hace gárgaras por una herida de agua que lo hunde. Llegan los helicópteros, los pájaros de metal. Salta al vacío el rescatador, el hombre que salva vidas. Se lleva a 24 marineros, como si fuese un ángel de verdad, con sus alas. El capitán y dos oficiales se quedan allá abajo, en el infierno de sal y frío. El petrolero está escorado casi al cincuenta por cien. Tienen que agarrarse para que no se los trague el océano. El viento es malo, malditas rachas de viento que acercan y alejan a su capricho, vida y muerte en un segundo. El rescatador no saldrá en las estúpidas tertulias televisivas, pero ese hombre santo sí que sería un ejemplo para los niños. Sorprende su sentido del deber, del sacrificio. El petrolero lleva en su interior un aliento negro, mermelada negra de fuel que puede arrasar con la naturaleza. Es la maldición negra de Galicia, el luto ecológico del Urquiola , Casón , Mar Egeo . Dicen los expertos que el miércoles estaba crudo el mar. Crudas estarán las cosas mientras se permita que las agujereadas panzas de los petroleros campen a sus anchas y no cumplan lo de pasar lejos de nuestras costas.