¿Dónde estaba la Xunta?

OPINIÓN

¿QUÉ HACÍA la Xunta mientras el temporal se abatía sobre Galicia? ¿Qué desgracias eran evitables en la primera borrasca de otoño? ¿Qué puede hacer un ciudadano cuando se le inunda la calle o vuelan por los aires las tejas de un colegio? Ya sé que los gobiernos no hacen milagros, ni tienen poder sobre la naturaleza. Pero lo que nunca puede hacer un gobierno es desaparecer, o encerrarse en los despachos, y dejar que los ciudadanos se apañen como puedan. El comentario de ayer era unánime en este sentido, y todo el mundo le reprochaba a la Xunta que, acostumbrada a prodigarse en fastos e inauguraciones, hubiese dimitido de toda responsabilidad frente a la furia del temporal. Y por eso hubo mucha gente que se molestó especialmente cuando, amainados ya los vientos, apareció el don Manuel Fraga que todo lo sabe para echar balones fuera y hablar de las ventajas del doble casco, dando a entender que sabe del temá algo más que usted o yo. Hace dieciocho años, cuando la Xunta empezaba y aún no había teléfonos móviles, llegó a Galicia el huracán Hortensia, que, si bien no fue el ogro que pronosticaban, resultó más fuerte que lo sucedido el miércoles. Pero la Xunta aquel día no estuvo desaparecida, y, después de prodigar las advertencias sobre amarres de buques, vallas, grúas, rótulos y elementos decorativos, y de suspender las clases para los niños de primera enseñanza, montó un operativo de vigilancia que, bajo la dirección del conselleiro Fernando Garrido, situó todos los vehículos de auxilio y la maquinaria pesada de obras públicas en lugares estratégicos. Y por eso cerró la jornada con cero víctimas y cero incidentes. Claro que algunos enfermos tuvieron que salir de casa sobre una excavadora de cadenas, y que algunas amas de casa se llevaron un susto cuando, habiendo llamado a los bomberos, vieron llegar una cuadrilla contraincendios montada en una motoniveladorta. Pero la Xunta estuvo presente, jugó las pocas bazas que tenía, y, sin alharacas ni milagros, completó una tarea que apenas mereció dos líneas en los periódicos del día siguiente. Y lo mismo hizo el tripartito con el Casón, cuando en sólo una tarde evacuó preventivamente el área de Fisterra e instaló en Santiago a todos sus habitantes. Todavía recuerdo a Fraga haciendo burla de las inundaciones de Padrón de 1988. Pero la historia pone a cada uno en su sitio, y, si bien es verdad que al tripartito se le estropearon algunas telas, también lo es que en las dos primeras legislaturas no se contabilizó ninguna víctima mortal por causa del viento y las inundaciones. ¿Que son cosas del cielo? También lo es la lluvia que apaga los incendios, y no hacen otra cosa que presumir de ello.