Pena, penita, pena

X.F. ARMESTO FAGINAS

OPINIÓN

DON ANTONIO había ido a pescar. Y para tal fin echó mano de un viejo pantalón, que resultó tener un pequeño roto en su parte trasera. Camino del puerto se encontró con un amigo, que le advirtió del mal de su atuendo: -Ya lo sé. Lo utilizo para ir de pesca. El amigo le hizo saber que el problema no radicaba en el estado del pantalón, sino en el hecho de que por debajo no llevaba prenda alguna. -Esto sí que es novedad para mí, respondió. Y don Antonio, sin ganas de volver a casa, extrajo de su cesto uno de los trapos que llevaba, y que algún día fue blanco, y se lo puso debajo, justamente allí donde se hallaba el roto. Pero el hombre se encontró con otro amigo, que le comunicó la rotura del pantalón y, lo que era peor, la suciedad de lo que él creía calzoncillos. Don Antonio, que lo que de verdad deseaba era dedicar unas horas a pescar, retiró el sucio trapo: -¡Coño, que vean el culo! A don Antonio le molestó que nadie se interesase por su afición a la pesca, que no quisiesen saber las grandes sensaciones que sentía cuando se hallaba a la espera de que alguno de los peces picase en su anzuelo, que nadie atendiese a su explicación de que, pescando, se sentía señor del mundo. Hay gentes a las que parece importarle de los políticos nada más que el atuendo que llevan o el envoltorio que cubre sus mensajes. Y algunos políticos, que hicieron todos los esfuerzos para que sus votantes en potencia reaccionen así, obran en consecuencia. Los encargados del márketing o de la imagen del candidato dedican todo su saber a maquillar a éste, a disfrazarlo. Contemplo en televisión una encuesta callejera. Las respuestas sobre Aznar y Zapatero fueron poco más allá del gusto o del rechazo que provocan, según los casos, los ojos del socialista o los bigotes del popular. En otra encuesta se detienen en las gafas de Ruiz Gallardón o en el abrigo de doña Trinidad. En Vigo, frente a un cine, asisto a la valoración del rubio cabello, de la sonrisa y del vestuario de Corina. Hacen lo mismo con la cara -¿acaso seria, acaso triste?- de Pérez Mariño. Qué pena, don Antonio.