Pregúntese usted, amigo lector, ¿qué es un camino desolado? Dudo que necesite pensar mucho. Me hablará de sufrimiento y soledad. Le aseguro, con total convicción, que yo también lo creo así. Pero existen otros caminos desolados, tan reales que aparecen en los mapas, la anatomía de un mundo que compartimos ciertamente sobre un papel. Caminos hay muchos: veredas, atajos, senderos... También hay carreteras. Hay caminos que se hacen al andar y otros, sin embargo, nos son impuestos como una condena digna de Sísifo. ¿Quiere un ejemplo? La entrada y salida de Ferrol, toda una odisea cotidiana, una constante lección de humildad que nos eleva, a todos, al altar de los héroes mitológicos condenados inexorablemente a un destino funesto. Hasta la redención, sigamos soñando con los caminos que se pierden en el bosque. Marta Fernández Vidal . A Coruña.