Halloween

BENIGNO PRADO

OPINIÓN

ESTA noche me siento como en casa a pesar de que lo del Halloween en España no pasa de montaje a lo márketing. Antes sólo lo veíamos en las películas americanas, pero ahora se están poniendo las botas las discotecas y otros antros del ramo. Lo celebran hasta quienes abominan de Bush, de las americanadas, el imperio y el «verdadero eje del mal», capital Washington. El consumo es el consumo y los días de fiesta sonada no vamos a ser menos que nadie. ¿O es que no hacemos lista de espera en los MacDonald's y nos ponemos ropa de marca siempre en inglés aunque se fabrique en Boiro? Lo del Halloween no es sino uno de los hitos del ciclo de los equinoccios a los solsticios, asociados por lo tanto a la muerte, como sucede con la Noche de Walpurgis en Centroeuropa o con nuestro mes de Santos. Conservo un hondo recuerdo infantil de una noche del 31 de octubre, en mi aldea, bajo el terror de los ojos triangulares de una cabaza encendida. Aquella noche un descendiente mío se presentó para conocerme, pese a que, como decía la Adelaida, a los espíritus «non lles dan permiso pra vir». Sólo muchos años después confirmé que el Halloween era una tradición celta trasplantada a América.