NO HAY MÁS que echar un vistazo atrás para comprobar que nuestra historia está llena de grandes cuestiones nacionales, sostenidas largo tiempo, conflictivas y nunca resueltas por los poderes públicos. Tuvimos una cuestión religiosa, una cuestión agraria, una cuestión regional, que llenan de palabras los diarios de las Cortes, pero que sólo el tiempo hizo decaer, mellando, como diría Borges, «las heroicas espadas» con que aquí se defienden las posturas contrapuestas. Ahora le toca el turno a la cuestión local, esto es, dotar a los ayuntamientos de las competencias y protagonismo que constitucionalmente les corresponden. Pero ni el Estado ni las comunidades autónomas quieren soltar poder, mientras algunos alcaldes avisan de que habrá que cerrar los ayuntamientos y otros, más pacientes, no pierden la esperanza. Creo que fue Ganibvet quien escribió que decir cuestión en España es tanto como decir problema. Y siempre irresuelto. Quizá, una vez más, el tiempo...