UN SABIO y retorcido político y economista gallego me decía hace años que la Economía no puede, a pesar de todos los esfuerzos en contrario, ser calificada como ciencia, o cuando menos ha de entenderse como ciencia social y sujeta, por tanto, a los avatares derivados de la conciencia colectiva. Aparte de otros factores, si todos nos convencemos de que España va bien, consumiremos e invertiremos y la Bolsa tirará para arriba. Y si nos huele que la cosa no funciona, acudiremos al calcetín, provocando el caos. En definitiva, la Economía es ciencia especulativa y como tal, mudable. A la Política, tan ligada hoy a la Economía, nunca se le ha negado este carácter. Y esto es lo que hace significativa la impresión de que los Poderes, no sé en qué grado fácticos, hayan decidido que no podemos continuar así, que el cambio es inevitable. En la nebulosa de las percepciones casi imperceptibles, se advierte un cambio de tendencia. Casi todos los agoreros fueron a la hoguera. Y, sin embargo, no iban por lo general descaminados.