AUNQUE NO existe unanimidad de opiniones, los alimentos funcionales son aquellos que, además de aportar nutrientes, producen algún beneficio para la salud. Estarían a medio camino entre alimentos y medicamentos, por lo que también se ha propuesto llamarles alimentos nutracéuticos, farmaalimentos, etcétera. Dada la falta de regulación, se apuntan al carro de funcionales, algunos que no lo son. La normativa que se está preparando, debería pedir pruebas experimentales de su eficacia para mejorar la salud. Algo parecido, pero de menor calibre, a las exigencias de los medicamentos. En el Semanal del 22 de noviembre y en Mujer Hoy de esta semana, que se distribuyen con La Voz, hay un anuncio en el que aparece una sonriente dama, que dice (letras de titular): «Mi nivel de colesterol ha bajado más del 30%». Es la promoción de una margarina enriquecida con fitosteroles, que ayudan a reducir la cantidad de colesterol que absorbe nuestro organismo. Hace ya un tiempo, cuando el lanzamiento de este alimento funcional, la empresa encargada de promocionarlo, me había remitido una interesante documentación, entre la que figuraban los trabajos científicos que resumían las pruebas llevadas a cabo. Podrían considerarse también alimentos funcionales las leches enriquecidas con calcio para prevenir la osteoporosis, los huevos con ácidos omega-3 que protegen de riesgos cardiovasculares, los probióticos (microorganismos presentes en yogures y leches fermentadas) que favorecen la regeneración de la flora intestinal, los prebióticos (fibras y oligosacáridos) con repercusiones favorables en la defecación y en la prevención del cáncer de colon, etc. De todos modos, los especialistas están de acuerdo que si se sigue una dieta equilibrada y variada, no son necesarios la mayoría de los alimentos funcionales.