Acerca de la violencia

FERNANDO MÁZQUEZ GALLEGO

OPINIÓN

12 oct 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

RESUENA aún el Día Mundial de la Salud Mental, dedicado a la violencia sobre niños y adolescentes, y las cifras de la OMS sobre muertes violentas que sitúan a sucidios y homicidios por delante de las víctimas de guerras. La violencia está en nuestra vida diaria: malos tratos domésticos; violencia en el deporte pervirtiendo sus funciones básicas; apaleamiento de ancianos y pobres por jóvenes que muestran una frialdad moral patológica; actuación de asesinos que se proclaman dioses en un delirio de omnipotencia y desprecio de los otros, y aún vivimos las secuelas del 11 de septiembre... En este clima social la pregunta sobre el sentido de la violencia es imprescindible.Dos tesis se contraponen: quienes defienden que está inscrita profundamente en la naturaleza humana, y quienes creen en una bondad natural pervertida por la influencia de la sociedad. La Ciencia y la Historia nos muestran que ambas no se excluyen, se complementan. La violencia y la agresividad forman parte de la naturaleza humana, pero también se aprenden y pueden fomentarse . La violencia ha contribuido a la supervivencia de la especie humana, pero puede acabar con nuestra civilización. En nuestra mente y cerebro se asientan la violencia y conducta agresiva, pero también razón, afectos y libertad. Nuestra mente intenta un equilibrio entre nuestros impulsos, deseos, libertad y responsabilidad y los de los otros. ¿Estamos indefensos ante la violencia? La violencia se puede canalizar. La sociedad se sostiene limitando los deseos personales para que sea posible la convivencia. De hecho la ha ritualizado y socializado, a través de competiciones (económicas, deportivas, políticas, literarias,...). La ciencia y la técnica la han aprovechado para conocer y transformar el mundo, incluso nuestra biología, aunque no siempre con respeto. La educación ha de empezar en el decisivo ámbito familiar y continuar en instituciones educativas y en medios de comunicación. Nuestros líderes han de jugar su papel y no transmitir mensajes contradictorios. Los ciudadanos han de abandonar la pasividad, son responsables e imprescindibles en la creación de un clima social en el que el otro no aparezca como extraño y amenazador. Curarse de la violencia es apostar por una vida digna, inseparable de la relación con el otro , a través de diálogo y valores como respeto, tolerancia, autonomía, solidaridad. Deliberemos sobre la violencia. Quizás sea el momento en que comisiones de expertos, responsables y líderes comunitarios y sociedad civil reflexionen y planteen soluciones, contengamos la violencia, y, ante todo, dotemos a las víctimas de seguridad y autonomía.