Radicales no, energúmenos

ALFONSO DE LA VEGA

OPINIÓN

UNA HUESTE de energúmenos, empleando el término en su acepción más precisa, ha mostrado su disconformidad con la visita de la más alta autoridad autonómica gallega, democráticamente electa, con los planteamientos que le son más propios, el berrido, los gritos, el pataleo, los bufidos y no con los que cabría esperar de su dimitida actividad universitaria: el debate de ideas, el convencer con argumentos, si es que supieran lo que eso significa. Claro que la provocación sufrida era realmente grande: se pretendía inagurar un nuevo edificio e instalaciones para el mejor desarrollo de la actividad académica en la Facultad de Ciencias Económicas. Todo un grave atentado fascista , como claramente se deduce. Imperdonable. Populacho El pasado miércoles criticaba en estas páginas de La Voz de Galicia a cierto populacho que desprecia la bandera española, pero que se arroba ante otras. Por ejemplo, la racista y xenófoba de los independentistas vascos. Pero el colmo del despropósito es jalear la bandera de la bestia, del hombre degradado y esclavo de sus pasiones, que eso es lo que significa en la cultura occidental la estrella invertida de cinco puntas adoptada por los independentistas gallegos. El embrutecimiento derivado de la caída en la materia y la pérdida del sentido espiritual, estético e intelectual de la existencia. La contracultura, todo lo opuesto a los valores que la Universidad defiende y pretende transmitir en el tiempo. Peligroso Claro que esto de la cultura es peligroso. Sobre todo en la Universidad. Hay que librarla a golpes de tan pernicioso anhelo, demostrando así «nuestra independencia». Vamos a ver qué hace ahora el intrépido rector coruñés, que ha sido incapaz de evitar, en el templo de la Razón y la Inteligencia, la agresión que se estaba preparando contra el presidente de la Xunta, y la bandera española, y por tanto, contra los ciudadanos gallegos y españoles que constitucionalmente representan.