¡AGÁRRENSE las carteras, que nos quitan el IAE! Es la primera vez que dejamos de pagar un impuesto y nos ponemos a temblar. Tengo la impresión de que nos van a sacar los ojos por otro lado. ¡Pesimista!, me grita mi mujer. Y mi hija mayor: Papá, ¿por qué dices eso, si no tienes ni idea de economía? Es verdad. Pero en mi pueblo, cuando se vendía la vaca, había que sacar el dinero de la leche de otros recursos. Por ejemplo, vendiendo el cerdo. Y el Gobierno ha vendido la vaca del Impuesto de Actividades Económicas, y los ayuntamientos se quedan preguntando de dónde sacarán 200.000 millones de pesetas que les cuesta -incluso a los socialistas, comunistas y nacionalistas- un compromiso electoral del presidente del Gobierno. Es decir, qué cerdo tienen que vender para seguir ingresando. Y ahí viene el terror. Se ha hecho todo tan alegremente, que las compañías de teléfonos móviles pagarán una tasa especial. Es una decisión que tiene la misma lógica que comparar el tocino con la velocidad. Es como si se hubiera jugado en la ruleta del casino: ¡el 27! ¿Qué sector lo tiene? El telefónico. ¡Adjudicado! ¡Ustedes pagan una parte del IAE! Y no me repliquen: les ha tocado en la ruleta. Respiramos los demás, porque ya tenemos un pagano. ¿Quién será el siguiente? ¡No fastidies, me ha tocado! Me ha tocado, por dos razones: una, porque el Estado compensará a las capitales de provincia, lo cual significa sacarlo de mis impuestos. Y dos, porque el Gobierno recomienda a los ayuntamientos que usen su «capacidad en materia tributaria». ¿Cómo se traduce eso al castellano? Sólo de una forma: nos subirán los demás impuestos municipales. Pagaremos más IBI. El Partido Socialista dice que viene un catastrazo. Con lo cual, debemos estar encantados. ¡Manos arriba! El presidente está cumpliendo sus promesas. El Gobierno está rebajando los impuestos, que se lo escuché a Montoro. Somos inmensamente felices.