EL DICCIONARIO de la Lengua Española utiliza dos términos para definir el cambio de un representante de un partido político a otro: chaquetero y tránsfuga. Cualquiera de las dos acepciones tiene un único significado. Indecencia. A Lama vive estos días un nuevo episodio de transfuguismo o chaqueterismo político. Nada nuevo, por otra parte. A estas alturas ya no sorprende, y menos escandaliza, que un alcalde, presentado bajo las siglas socialistas, con seis compañeros de gobierno, haya decidido fichar por los populares. Desde que en 1998 PP y PSOE se pusieron de acuerdo para acabar con este espectáculo, el compromiso de honor ha sido vulnerado sistemáticamente, y unos y otros se dedican a recoger los cadáveres que van apareciendo por el camino. Jorge Canda, que así se llama el chaquetero en cuestión, ha decidido traicionar la voluntad de todo un municipio. Ha decidido negociar su futuro como quien negocia la compra de un reloj falsificado en un tenderete festero. Con tiras y aflojas. Sin asumir la responsabilidad de que su electorado es víctima de una estafa. Y aunque ha justificado la decisión alegando que piensa obtener mayores inversiones para su municipio, lo que esconde es un cabreo personal por no haber sido elegido por su partido como diputado provincial. O lo que es lo mismo, antepone sus intereses personales a los de todo un pueblo. El tal Jorge Canda y la fanfarria de concejales que lo sigue, tiene que ser inhabilitado para continuar ejerciendo cargos de responsabilidad en un sistema democrático. Porque es una amenaza. Y alguien tiene la obligación de mandarlo para su casa. Winston Churchill dijo, en alguna ocasión, que un político es aquel que tras haber sido comprado, sigue siendo comprable. Y eso que no conoció al tal Canda.