Éxito democrático

ANXO GUERREIRO

OPINIÓN

09 oct 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

CON SU rotunda respuesta a la injustificable reforma de las prestaciones por desempleo (decretazo), culminada con el éxito, los sindicatos españoles han prestado, una vez más, un gran servicio a nuestra democracia. La huelga general del 20-J y las posteriores movilizaciones, no sólo han frenado una injusta política social sino que han impugnado, abiertamente, un estilo de gobierno basado en la prepotencia y altanería de la que hace gala el presidente del gobierno. En España no es posible recortar los derechos y las conquistas sociales sin llevarse por delante la estabilidad del país. La sociedad española no está dispuesta a permitir la supresión de derechos sociales básicos, mientras se transfieren ingentes recursos a una minoría privilegiada y poderosa, en un país, como España, cuyo diferencial con Europa en protección social es todavía muy elevado. Tampoco parece estar dispuesta a soportar por más tiempo una forma de gobernar basada en el inaceptable y primitivo principio del conmigo o contra mí. No está claro, sin embargo, si la actitud del Gobierno, con su rectificación en toda regla, responde a la compresión del inequívoco mensaje que ha recibido de la sociedad española, o se limita a una mera respuesta táctica y electoral, a la espera de mejor momento para relanzar sus propuestas. Sería deseable que se tratara de lo primero. De lo contrario las tensiones, aunque indeseables, serán inevitables. Sea como fuere, el Gobierno ha decidido aparcar, de momento, el enfrentamiento con los sindicatos. Los estudios demoscópicos demuestran que ha perdido el pulso, y le aconsejan clausurar un escenario en el que es muy vulnerable. La confrontación social resalta, con mucha nitidez, el perfil de derecha dura del Partido Popular y facilita el protagonismo de la izquierda como alternativa de gobierno. Máxime cuando la economía empieza a perder gas y amenaza con dejar al partido del gobierno sin uno de sus principales argumentos electorales. Así pues, todo parece indicar que Aznar reconducirá el debate político al terreno que le es más propicio: la lucha antiterrorista, la confrontación con los nacionalistas, la inseguridad y la inmigración. Temas en los que la izquierda no se atreve a salir del marco conceptual establecido por el Partido Popular, por miedo a los costes electorales que tal actitud pudiera conllevar. En cualquier caso el éxito sindical es incuestionable. Basta echar una ojeada a las hemerotecas y recordar las declaraciones de Aznar y sus ministros, hace cinco meses, para poder ponderar la dirección y la magnitud de los cambios subsiguientes.