Cela

CÉSAR CASAL GONZÁLEZ

OPINIÓN

EL HURACÁN Lili , cerca de Estados Unidos. Jornada de la Liga de Campeones. Son fogonazos de la radio del coche. Llego a Iria Flavia. Veo las torres de zigurats de la iglesia. El que resiste, gana, dice la fachada de la Fundación Cela. Voy a su tumba. Piso una alfombra de hojas muertas por el otoño. Ahora suena en la radio un quinteto de cuerda. Hay un busto enorme de Cela, desproporcionado, como él mismo. Hay varias garras de olivo. Él descansa debajo de una de ellas. Camilo José Cela Trulock (II-V-1916//17-I-2002), marqués de Iria Flavia. Hay un sencillo ramo de claveles, rojos y blancos, aún frescos. También cuatro macetillas. La losa no tiene adornos. Sólo una cruz hendida en la propia piedra. Se levanta un capote de viento. Callan las campanas. Sale, entre nubes, la moneda tímida del sol. Oigo un ladrido afónico, como con silenciador, de un perro. Aquí no se ven ni las bravatas del Nobel ni su prosa de relojería, el reloj de su bomba interior. Suena el mensaje del móvil. El Madrid empató en Grecia y el Valencia goleó al Basilea. Recibir este mensaje al lado de la tumba de Cela me confirma que la vida es un afán extraño, un viento loco, el que sopla en sus páginas de creador. ¿Habrá llegado el huracán Lili a Estados Unidos?