Ahora, taza y media

JUAN J. MORALEJO

OPINIÓN

LOS DEL FOLIO periódico deberíamos instituirnos el Día del Aburrimiento Mortal para negarnos un día al año a cubrir la semana con la rutina que nos repatea, pero no nos da otra salida que entrar al trapo. Hoy tenemos taza y media de rutina, hoy tendría que ser mi Día del Aburrimiento, pero he decidido que hay que fichar, aunque me quede el consuelo de granear munición que no es la habitual en muchos de los empecinados en la rutina, que, por supuesto, no es otra que el conflicto vasco y su plausible ¿por qué no? o, cuando menos, posible y pensable propuesta de que sea un Estado Libre Asociado. Lo malo de mi opinión sobre esa rutina es que la sacrosanta e inderogable unidad de España, prosa constitucional incluida, y la sacrosanta e inaplazable independencia de Euskadi, con o sin historietas ad hoc , ocupan los puestos mil quinientos veintitrés y mil quinientos veinticuatro en la lista de las cien cosas que me parecen importantes, serias y urgentes en la comunidad política a la que nací apuntado. La cuestión tiene un lado que sí está entre las cosas importantes, serias y urgentes que más deben preocuparnos: con o sin independencia en cualquiera de sus grados o variantes, lo único que importa es que media comunidad vasca no ejerza violencia ni discriminación sobre la otra media, sobre sus vidas, libertades y derechos, como viene ocurriendo. Ahí está lo único realmente importante e irrecuperable, si se pierde, y todo lo demás -la Constitución, el Estatuto, las Historias, etcétera- es rigurosamente cambiante, reformable, desechable cuando y como proceda. ¿Cómo y cuándo procede? Desde luego, el ¡viva Cartagena! y la respuesta desde Numancia no deben de ser buen camino, ya no lo están siendo y van siendo horas de que se hable seriamente de un referendum que obligue a ambas partes. Que obligue de verdad y, si es mayoría la opinión independentista, que la apliquen y la disfruten, que están en su derecho y, además, me parece que expongo la inmensa satisfacción que tendríamos muchísimos en librarnos de esa pejiguera crónica y de alguno de sus pejigos. Por mi parte les añadiría sinceramente mi felicitación por haber llegado también ellos a ser nada menos que una unidad de destino en lo universal. Pero si no es mayoría la opinión independentista, que haga el favor de ponerse un poco de sordina y no dar la tabarra en un tiempo prudencial. No sé qué resultado podría darse en un referendum sincero, con promesa o con amenaza, según se mire, de aplicar inmediatamente sus resultados. Tengo la impresión de que en tal circunstancia más de un nacionalista resultase serlo «ca boca pequena», dado que hay cosas que alimentan más que las banderas y los himnos, pero en el monólogo a dos bandas de sordos furibundos que padecemos todo se queda en quiniela muy en las nubes. Es una pena la cantidad de saliva y pompa que gastan Ibarretxe y Aznar sin estar sentados uno frente a otro. La cosa podría calificarse de malversación de impuestos.