OÍ ayer algunos comentarios muy sorprendidos a propósito de una encuesta sobre el perfil de los estudiantes universitarios españoles. Por lo visto, son pasotas, nada interesados en política, poco dados a participar en organizaciones solidarias y propensos, sin embargo, a vivir de la cuenta corriente paterna. Quizá por eso, dicen, valoran mucho la familia, aunque a mí un siete y pico no me parece tanto. Busqué la encuesta para tomarle la medida y ver qué fiabilidad podía atribuírsele. Encontré el diario que la glosó, pero no la encuesta propiamente dicha. Así que no sé cómo la habrán hecho. Conozco unos cuantos miles de universitarios de varias ciudades. Muy pocos de ellos responden a ese perfil. No son tan planos. Quizá estén desideologizados -cosa no demasiado mala-, pero no aún desidealizados: tienen ideales y luchan por ellos. Al menos, los que yo trato. Y quienes no los tienen, si son tantos como dice esa encuesta, deben hacernos pensar. La política siempre ha estado conexa a los ideales más altos, que se articulan en torno a la justicia, la solidaridad y el servicio a los demás. Si no se interesan por la política, quizá sea porque no ven esa conexión. Ni en los políticos ni en nosotros.