Tragantada de tragos

OPINIÓN

EL VERBO tragar ha dado lugar a muchas palabras derivadas y compuestas. Entre las que podemos toparnos -algunas sólo en añosos textos-, resultan curiosas traga (empollón), tragaavemarías (devoto con gran afición a rezar), tragaderas (facilidad para creer cualquier cosa), tragadero (faringe; poco escrúpulo), tragafees (traidor a la fe debida), tragahombres (baladrón), tragamillas (que corre con brío grandes distancias), tragantada (trago muy grande), tragasables (cierto artista de circo), tragasantos (beato con gran devoción por las imágenes), tragavenado (serpiente de Venezuela cuyo nombre revela su dieta), tragavino (embudo), tragavirotes (hombre muy estirado), tragazón (glotonería)... Sólo para los atrapados por la tragonía o tragonería, es decir, el vicio de comer en demasía, existen tragaldabas, tragallón, tragamallas, tragantón, tragón y traguilla (éste en Chile), y para las máquinas que funcionan con monedas, tragaperras, tragadieces (en México), traganíquel (en Cuba) y tragamonedas (Argentina, Honduras y Uruguay). En desuso han caído voces de germanía tan singulares como tragaollas (perdonavidas), tragapán (la garganta), tragasangre (rufián, pendenciero), tragatajadas (pícaro que come de gorra) y trago cruel (ahorcamiento). Mal trago este último, pero es el final. falar.ben@lavoz.es