Silencios imposibles

X. ÁLVAREZ CORBACHO

OPINIÓN

30 sep 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

ELLOS LO SABEN, pero callan. ¿Por qué callan? Los responsables del Sergas saben perfectamente que la actual dinámica del gasto farmacéutico destrozará en breve tiempo el presupuesto de la sanidad pública. Y también saben que la solución al problema no es aumentar periódicamente los impuestos o reducir el gasto destinado a otros servicios. El sentido común obliga a tener que embridar con firmeza los intereses asociados a la producción y comercialización de fármacos y encauzar su gasto hacia pautas más sensatas. Pero la ministra del ramo mantiene los pactos sobre el gasto farmacéutico que en su día firmó Celia Villalobos. Y eso limita el poder autonómico. Observe el lector estas cifras. En el período 1996-2000 los ingresos liquidados del Sergas crecieron a una tasa media anual del 6%. En ese tiempo el crecimiento anual del gasto corriente, ordenado en tres grupos distintos, fue el siguiente: gasto de personal (4%); gasto farmacéutico extrahospitalario y hospitalario (13,3%); otros gastos (3,9%). En el año 2000 el gasto corriente absorbía ya el 94,4% de todos los ingresos contabilizados en el presupuesto. El resto del gasto se destinó, prácticamente, a inversiones. ¿Puede mantenerse esta situación en el futuro próximo? No, a menos que se revolucione el funcionamiento del sistema. Para demostrarlo construiremos dos escenarios alternativos. En el primero, la tasa de crecimiento anual de los ingresos del Sergas es -igual que ahora- del 6%. En el segundo escenario esa tasa crece al 7%. Se considera que los tres grupos de gasto corriente crecen al mismo ritmo que en el período 1996-2000. Con esta hipótesis realista, ¿cuándo el gasto corriente absorberá todo el presupuesto? O expresado de forma mas dura, ¿cuándo se colapsaría el sistema? La respuesta es clara y rotunda: en el primer escenario dentro de tres años, en el segundo dentro de seis o siete. Y todo ello sin contar la inversión. Si los ingresos del Sergas evolucionan como dice el escenario uno, ¿qué hacer dentro de dos o tres años? ¿subir el impuesto sobre hidrocarburos?, ¿reducir el gasto de otros servicios?, ¿hacer ambas cosas a la vez?, ¿enfrentarse al gasto farmacéutico? Y si es así, ¿qué capacidad tiene la comunidad autónoma para conseguir medidas efectivas? Los responsables del Sergas deberían explicar estas cosas tan importantes a los ciudadanos gallegos, así como anunciar las medidas que consideren más eficientes para su corrección. En tiempos de recesión económica no es probable que los ingresos del sistema crezcan por encima del 7% anual. Evitemos, pues, que ante hechos tan relevantes para Galicia la palabra esté ausente, cautiva, amordazada, filtrada, disfrazada. A fin de cuentas, nunca una noche ha vencido al amanecer.