El historiador alemán Theodor Mommsen, autor de una monumental Historia de Roma y Premio Nobel en 1902, consideraba que la expansión territorial romana no tuvo un carácter imperialista, sino que fue la consecuencia de una serie de medidas defensivas adoptadas durante una guerra que consideraban preventiva. Traducido a los tiempos presentes, si la teoría de la guerra preventiva, como superación de la política de disuasión (propia de la guerra fría), es el nuevo modelo que se impone desde EE.UU. para erradicar el Mal antes de que éste esté en condiciones de causar un grave daño, estaríamos ante el enunciado de un imperio, por más que en sus comportamientos no tenga o no quiera tener un carácter netamente imperialista. Esta es la cuestión. Más allá de sus deseos de serlo o no, los Estados Unidos se están comportando como una potencia imperial que, como en el caso de Roma, llega a serlo por las decisiones que adopta, más que por un designio o acuerdo concreto y deliberado. Hoy, cuando observamos lo que ocurre, también deberíamos preguntarnos hacia dónde nos lleva. Quizá así la UE, y Rusia, y China, podrían condicionar el desarrollo del proceso de modo que al final no se conviertan en meros comparsas.