El desafío

| ERNESTO S. POMBO |

OPINIÓN

29 sep 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

EL ALDERDI EGUNA nos ha dejado la imagen de un Ibarretxe más feliz que nunca. La de un presidente incapaz de poder avanzar por las campas de Altube, ante el delirio de decenas de miles de personas que le expresaban su fervor por el desafío lanzado el viernes y ratificado allí mismo. Ibarretxe tiene motivos para la satisfacción. Su proyecto de convertir Euskadi en un estado asociado a España no ha recibido, hasta el momento, una respuesta seria y coherente por parte del Gobierno y de los partidos estatales mayoritarios. Y mucho menos, una alternativa. Sabía Ibarretxe y quienes con él comparten las responsabilidades en el País Vasco y en el PNV, que su propuesta iba a ser considerada una rebelión. Y siguió adelante. Porque sabía también que nos iba a tener a todos muy entretenidos, enzarzados en discusiones sobre su conveniencia, viabilidad, posibilidades de fracaso y otras minucias. Pero era sabedor de que hallaría un amplio respaldo social allí donde lo necesita. En la sociedad vasca. El lendakari y los suyos lo tienen todo previsto. Y, sobre todo, muy claro. No parecen tenerlo así quienes, una vez más apoyados en la descalificación y el insulto, se empeñan en mantener viva aquella nefasta imagen de frente popular antivasco y antinacionalista que los llevó al fracaso en las últimas elecciones autonómicas. Al desafío lanzado desde un Parlamento por el jefe de gobierno y presidente de una comunidad histórica le ha respondido el presidente del Gobierno central, en mangas de camisa y desde la tribuna de un mitin de su partido. Y el de la oposición, desde la calle, aprovechando que iba a comer. A un planteamiento institucional, serio, riguroso y preocupante se le responde desde el bar de la esquina. Y es que lo primero que tenemos que exigir en este país es la recuperación de los modos, el respeto y el diálogo.