El regreso de Al Gore

| ENRIQUE CURIEL |

OPINIÓN

26 sep 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

DEFINITIVAMENTE las cosas de la guerra se complican para George W. Bush. La reaparición fulgurante del ex vicepresidente Albert Gore criticando los planes del equipo presidencial, la firme oposición del partido demócrata y la reacción de intelectuales y del mundo de la cultura que han firmado un documento cuya difusión se ha intentado impedir, indican que una buena parte de la sociedad estadounidense está reaccionando con alarma y preocupación ante la hipótesis de una guerra cuyo desenlace y consecuencias nadie conoce. Quien fue compañero de Bill Clinton en la Casa Blanca durante ocho años, y que ganó las elecciones en número de votos totales emitidos, solicitó del Congreso que no conceda a Bush los amplios poderes que éste demanda y que exija el máximo consenso internacional ante cualquier operación militar contra Sadam. Y añadió una frase letal para los halcones de Washington: «Después del 11-S recibimos una enorme simpatía, buena voluntad y apoyo de todo el mundo. Lo hemos dilapidado y sustituido por miedo, ansiedad e incertidumbre, no sobre lo que los terroristas van a hacer, sino sobre lo que nosotros vamos a hacer». Y es que los motivos reales de Washington para desencadenar la acción militar no están claros y la pesadilla de Vietnam, que generó una profunda fractura y crisis moral interna, se hace presente una vez más. Además, la publicación de las 35 páginas que contienen la nueva doctrina estratégica de los EE. UU. que defiende las «intervenciones preventivas» antes de que las amenazas se concreten, convierte a los EE. UU. en una policía global y nos retrotrae a una nueva guerra fría. En estas condiciones, las elecciones del supermartes del 5 de noviembre se convierten en una prueba de fuego para la Administración de Bush. Una derrota republicana tendría inevitables consecuencias en los planes de la Casa Blanca. Por lo demás, el clima político entre los aliados tampoco se despeja, si exceptuamos a Blair, Aznar y Berlusconi. La victoria del canciller Schröder en Alemania y el espectacular apoyo recogido por Joschka Fischer expresan el sentimiento de una mayoría de la sociedad alemana, y posiblemente europea, sobre la participación incondicional de la Unión Europea en el conflicto con el seguro incremento del precio del barril de petróleo. La presión de Colin Powell para elaborar una nueva resolución del Consejo de Seguridad pretende endurecer las condiciones de la presencia de los inspectores en Irak, con la esperanza de que al rechazarlas Sadam legitime y justifique la intervención. Pero los recelos de Rusia, China y Francia, que tienen derecho de veto en el Consejo de Seguridad, dificultan los planes de la intervención.