HE ESTADO el lunes pasado en Jaca, presentando una ponencia en el X Curso Internacional de Defensa organizado por la Academia General Militar de Zaragoza y consagrado este año al tema Terrorismo internacional en el siglo XXI . Asisten al curso más de trescientas personas, españoles y extranjeros, principalmente oficiales -algunos de muy alto rango- de las fuerzas armadas. Impresiona hablar ante un auditorio tan uniformado y sobre un tema que tan bien conocen todos. Noto, sin embargo, que mi análisis sorprende bastante. Me han pedido que hable de las causas político-económicas del terrorismo internacional. Empiezo señalando que, aunque los medios de comunicacion hablan mucho de terrorismo desde el 11 de septiembre del 2001, en realidad y paradójicamente la violencia política ha disminuido enormemente con respecto a la situaciín que prevalecía hace unos años. Recuerdo que, en América Latina, por ejemplo, había hasta hace poco tiempo violencia política y lucha armada en El Salvador, Guatemala, Nicaragua, Perú, y hace un poco más de tiempo, en Uruguay, Argentina, Bolivia, Chile y Brasil. También había violencia política en Estados Unidos (los Black Panthers, los puertorriqueños) y en Canadá (el Frente de Liberación de Québec). Todas esas violencias han desaparecido y sólo queda, únicamente, el conflicto en Colombia que empezó en 1947... Lo mismo en África, en donde la violencia política desaparecio de Mozambique, Sudáfrica, Angola, Sierra Leona, Liberia, Chad, Congo, Etiopía, Eritrea y sólo se mantiene en Argelia y el sur de Sudán. También en Asia se terminaron las terribles guerras de Vietnam, de Cambodia, de Laos, y la guerrilla de Timor Oriental, y sólo quedan los conflictos de Cachemira, de Sri Lanka y de Filipinas, y el reciente brote de guerrilla maoísta en Nepal. En Oriente Próximo, la cruel guerra del Líbano se terminó, y la organización islamista chiíta Hezbollá ha prácticamente cesado sus acciones militares después de la retirada de Israel del sur del Líbano. Sólo la guerra israelo-palestina sigue con su trágico balance de crueldades y de víctimas civiles de ambos bandos. En Europa (incluido el Cáucaso, donde prosigue el conflicto de Chechenia) se terminaron las guerras de Bosnia, Croacia, Kosovo y Macedonia así como la violencia política en el Kurdistán turco ; y también desaparecieron las Brigadas Rojas en Italia, la Fracción del Ejército Rojo (banda de Baader) en Alemania, y hasta el IRA de Irlanda del Norte ha depuesto por el momento las armas. Sólo queda desgraciadamente, en Euskadi, ETA. Comparado al de los decenios precedentes, el mundo de hoy aparece, como se puede ver, infinitamente más pacificado. Con excepción de cinco o seis focos (entre ellos el que mantienen, difuso, la secta-red Al Qaida y Osama Bin Laden), la violencia política y el terrorismo han prácticamente desaparecido de la cartografía geopolítica. Pero no tenemos esa impresión, primero porque, en España, la violencia política sigue matando, y, segundo, porque a escala internacional los Estados Unidos han declarado una guerra infinita contra el terrorismo y la caja de resonancia mediática lo repite hasta la saciedad. Lo que dije también, ante tan prestigiosa audiencia, era que teníamos que alegrarnos de que hubiese en el planeta tan escasa violencia política. Porque el mundo que la globalización neoliberal ha construido en los últimos 15 años, con la complicidad de tantos dirigentes políticos, es de una violencia social y de una desigualdad sin precedentes. He recordado que más de la mitad de los habitantes del planeta viven con menos de dos euros diarios... Que 30.000 personas (diez veces el número de víctimas de los atentados del 11 de septiembre...) fallecen cada día por haber bebido agua de mala calidad. Que treinta millones de personas mueren de hambre cada año cuando la producción agrícola mundial es tan abundante que permitiría alimentar hasta 8.000 millones de personas... Que, por falta de medicamentos, muere de una enfermedad fácilmente curable un niño (o una niña) cada tres segundos... Comparada con la tremenda miseria y la infinita injusticia que padece la mayoría de la población del planeta, ¿no resulta paradójico que haya tan poca violencia política?