DICE Sigrid Undset, escritora noruega y premio Nobel de Literatura, que quien se obstina en hacer siempre lo que desea termina por hacer muchas cosas que nunca hubiera querido ni deseado. Para ejemplificar la frase, escribió una novela inmensa, Olav Audunson , que por muchas razones vale la pena leer. Tiene razón Undset: el egoísmo, además de trabajoso, suele dar muy malos resultados. El egoísta, en primer lugar, no se entera de casi nada de lo que ocurre a su alrededor. Y si se entera, no sabe valorarlo, porque tiende a interpretar las acciones ajenas según sus propios criterios de actuación tacaños y pequeñitos. El egoísta, como consecuencia, se pierde lo mejor del mundo: las cosas buenas que hacen los demás, el cariño acaso inmerecido que otros le dispensan y que él, en su obstinación consigo mismo, interpretará siempre de un modo torcido, oblicuo. Una tortura y no sólo para él o para ella, sino para quienes le rodean. Pero quizá el rasgo distintivo del egoísta radique en su peculiar moral: es bueno lo que le conviene y malo lo que no. Todo lo demás queda relegado a la categoría de indiferente. Por eso no tiene principios ni entrañas. Y termina haciendo incluso lo que detesta.