Larga noche en Alemania

| XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS |

OPINIÓN

22 sep 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

AUNQUE LA INERCIA de las cosas nos hace creer lo contrario, y aunque es posible que tenga que pasar otra generación antes de que sepamos asimilar los nuevos marcos de acción política, es evidente que las elecciones celebradas ayer en Alemania son más importantes para el futuro de los españoles que la artillería mitinera desplegada por el PP y el PSOE con vistas a las municipales. Porque en Europa se prepara un salto hacia la unidad política, y porque la posición de Alemania será decisiva en el futuro diseño de un sistema que se va a ocupar cada vez más de la política exterior, la seguridad, la economía, la política social y otras muchas cosas que nuestros gobiernos todavía gestionan, pero ya no deciden, o que dependen de unos contextos que reducen sobremanera el margen de discreción de los Estados. ¿Qué haría Aznar si Europa se alinea con la ONU en contra de Bush? ¿Qué será de nuestros planes de infraestructuras si se opta por una rápida modernización de los países del Este? ¿Qué sería de nuestra agricultura si se abren las puertas a una gestión competitiva del campo? Incluso ahora, cuando todo parece resentirse por el retraso en la aplicación del Tratado de Niza y por el díscolo papel de Inglaterra, la realidad económica y social y el sistema productivo están impulsando una rápida progresión hacia la integración europea, cuyos ritmos y objetivos sólo podrían frenarse a cambio de una grave crisis económica y social de los más ricos y de una dramática regresión en los furgones de cola. Y por eso tenemos que acostumbrarnos a que algunas citas electorales tan importantes como las de Francia y Alemania nos parezcan política interior, con la consecuente exigencia de crear un modelo europeo que nos libere de contemplar estos procesos políticos desde la más absoluta pasividad. Aunque este artículo se cerró en pleno recuento electoral, y con la Unión Cristianodemócrata (CDU/CSU) proclamando su victoria, la muy previsible renovación del mandato de Schröder, apoyado en una coalición rojiverde -más verde que nunca-, podría inyectar una buena dosis de pluralismo, sentido social y autonomía política en un panorama europeo dominado por un preocupante andacio de conservadurismo, en el que, si el particularismo de Blair se mueve como pez en el agua, el euroescepticismo de Stoiber podría derivar en una crisis general de la UE. Pero esta salida, si la madrugada la confirma, no sería más que una tregua pasajera y obtenida por los pelos, que en modo alguno nos libera de la preocupación por una política europea cada vez más próxima y compleja, que toca más a nuestros bolsillos que los vuelos rasantes de Aznar y Zapatero. Aunque parezca mentira.