TRES AÑOS después de que comenzasen las discusiones sobre si debe ponerse el artículo el ante los años a partir del 2000, el debate sigue abierto. Mientras unos hispanohablantes dicen que estamos en el 2002 otros hablan de que vivimos en 2002 . No existe, que sepamos, regla gramatical que prescriba una u otra forma. A favor de prescindir del artículo está el hecho de que es la forma en que se han venido mencionando los años hasta 1999, tanto en lo escrito como en lo hablado. Si en 1998 decía que planificaba mis actividades para 1999, ¿por qué en 2002 tengo que decir que preparo las del 2003 y no las de 2003 ? Las principales razones de quienes, por el contrario, son partidarios del uso de artículo ante los años a partir del 2000, así como para los anteriores a 1100, son la eufonía, es decir, el buen sonido, y la aportación de una información que en ocasiones elimina ambigüedades. «A diferencia de las fechas que incluyen una centena -decía una nota en que la Academia Española explicaba en Internet su posición sobre el tema-, la escueta referencia a 2000 puede resultar imprecisa en la mente de los hablantes para designar unívocamente un año. Por eso el español prefiere mayoritariamente el uso del artículo en expresiones como Iré al Caribe en el verano del 2000 o La autovía estará terminada en el 2004 ». La explicación, hoy desaparecida de la web de la RAE, es similar a lo que sobre este asunto dice la Academia en su Diccionario panhispánico de dudas , que sí puede consultarse en la Red. En ambos textos afirma que caso distinto es la datación de cartas y documentos, para la que el citado DPHD recomienda que a partir del 2000 se mantenga el uso sin artículo delante del año ( 4 de marzo de 2000 ). Esta recomendación (no es una norma) «no implica -dice- que se considere incorrecto, en estos casos, el uso del artículo: 4 de marzo del 2000». La recomendación ha tenido como consecuencia una extensión del uso sin artículo en todo tipo de textos. Al hablante no interesado especialmente en el tema le es más fácil seguir la recomendación que analizar sus bondades y sus inconvenientes, así como aplicarla a todo tipo de situaciones antes que pararse a pensar si lo que está escribiendo es una data o no y si está redactando un documento u otra clase de texto. Y así proliferan expresiones tan poco eufónicas como las elecciones de 2003 o el invierno de 2002. Uno de los españoles con mejor sentido de la lengua, Camilo José Cela, ha sido quizá quien con más ardor se ha pronunciado sobre el caso. «Hoy domingo, 3 de setiembre del 2000, día de Santa Febe, San Aristeo y San Aigulfo, entre otros -escribió hace dos años en Abc -, vuelvo a comparecer ante mis pacientes lectores a quienes doy los buenos días con las reservas de salud almacenadas durante un mes de holganza. Observen que he dicho del 2000, en deliberado olvido del consejo de los doctores de la Santa Madre Academia que olvidando la elipsis que hay, apoyándose en la sordera de quienes escriben sin oído y siguiendo el sendero inventado por los historiadores en su jerga, nos animan a decir de 2000, quizá porque les parece más gramatical y eufónico suponer, por ejemplo, que Cristo nació en 1 o que Esopo lo hizo en -570. A veces es difícil encontrar a alguien con menos sentido del espíritu de la lengua que un lexicógrafo...». «Se dice -seguía Cela- que América se descubrió en 1492 o en el 1492, que la Segunda República Española se proclamó en 1931 o en el 1931 y que la Guerra Civil se inició en 1936 o en el 1936 y ambos modos de designación son igualmente válidos y correctos. Ya no da bien al oído, sin embargo, decir que San Agustín murió en 430, que Abenhazam de Córdoba murió en 994 o que el poeta Claudiano floreció en 365 porque parece que la frase queda coja. Me permito insistir en la obediencia al oído y en el saludable ejercicio de dejarse llevar por la inercia, ese motor de la sabiduría». También es muy crítico con la Academia el ortógrafo y lexicógrafo José Martínez de Sousa, que en su Manual de estilo de la lengua española afirma que aunque aquélla restringe su recomendación de escribir el año sin artículo a la datación de cartas y documentos, «es lo cierto que los estamentos oficiales, las instituciones y entidades y otros usuarios, como la mayor parte de los diarios, han optado por la solución, pese a que reconocidamente es un error [...]. Se trata de una arbitrariedad por parte de la Academia, que utiliza su influencia para imponer una grafía antinatural y artificiosa [...]. Se recomienda, pues, utilizar el artículo antes de la mención de un año, aparezca solo o formando parte de una fecha». Aunque cada uno tenga la convicción de que una forma es mejor que la otra, a la vista de lo que dice la Academia no cabe hacer reproche alguno al hablante que opta por la contraria a la nuestra. Pero la situación nos recuerda la anécdota atribuida a un municipal de una villa coruñesa que, situado en una encrucijada por donde sólo cabía un vehículo, dio paso a dos que circulaban en sentidos opuestos. Cuando chocaron, el guardia se limitó a observar: «Xa o estaba vendo vir».