Narradores alcachoferos

OPINIÓN

OTERO DE POTROS

14 sep 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

ENTRE LOS GÉNEROS del periodismo deportivo destaca la llamada narración de fútbol televisado, en la que un locutor cuenta a la audiencia lo mismo que está viendo en la pantalla. Hay gente para todo. Aparte de las insustancialidades que sueltan, lo más chocante del gremio es que no conocen la materia prima de su oficio, que es la lengua. La mayor parte de ellos hablan un español basura, especie de jerga que tira a jerigonza. Con los políticos, los mayores carniceros del idioma patrio. Bastan a probarlo dos selectas mínimas. El «palo corto» Una de usos aberrantes. Los jugadores no avanzan, «progresan»: qué menos con sus sueldazos. El poste más cercano al chutador se encoge en «palo corto», y así va la tasa de natalidad. Un delantero puede llegar a la portería «en solitario», escapada de anacoreta. El córner ascendió a «jugada de estrategia», que las más veces sacan «con (su) pierna derecha», como si padecieran de artrosis. A entretener la pelota dicen «tocarla», a la manera de crónicas venusinas. Ya no hay remates de cuchara sino «de chilena», y Garzón no abre sumarios. Cada tiempo tiene su «ecuador», calentura verbal típica del trópico. Otra de pedanterías. A un futbolista que puede ocupar varios puestos lo califican de «versátil», por aquello de tornadizo. Aunque no haya bajas, la victoria por la mínima será «pírrica»; si apurada, «agónica». Los holandeses son «tulipanes», pero el vestuario del Barça no huele a floristería. Y la gran perla del hipereufemismo: un balonazo en las colgaduras las convirtió en «partes punibles», que para pudendas las del Butragueño. La universidad tendría que montar una titulación en Narratología Deportiva Aplicada. Es lógico que el plan de estudios se encomiende al maestro Valdano, hombre de canoro pico y contar florentino.