Y usted, ¿cómo lo recuerda?

OPINIÓN

EN TORNO A LA MESA estaban reunidos, entre otros, Javier Pérez Royo y José Antonio Portero, antiguos rectores de las Universidades de Sevilla y A Coruña; Julián Santamaría, embajador de España en Washington con el segundo gobierno socialista; Alberto Oliart, ministro de Defensa de UCD tras la intentona militar del 23-F; y Pepe Fortes, fundador de la Unión Militar Democrática. Nos acompañaban también algunos ex-altos mandos militares y Prudencio García, coronel del ejército y consultor de la ONU. La circunstancia que nos había convocado era la celebración de un curso de verano sobre La transición política española y el papel de las Fuerzas Armadas, codirigido por Oliart y por mí mismo, en la sede pontevedresa de la Universidad Menéndez Pelayo. Poco antes de las tres sonó el móvil de Javier. Era su hijo Fernando, que estaba en Nueva York ese 11 de septiembre, y que había visto paseando por alguna calle cercana al distrito financiero, que salía mucho humo de una de las Twins. ¿Un incendio? Apenas pudimos hacer cábalas. Transcurridos pocos minutos, Fernando vuelve a telefonear a Javier y le habla ya de que, al parecer, una avioneta se ha estrellado contra la torre norte..., sigue saliendo mucho humo... «pero tranquilo, papá, que yo estoy bien». Pasadas las tres todos los presentes, salvo Oliart, que no se altera, comenzamos a llamar a nuestras casas, pues en el Auditorio de Pontevedra, donde se celebra la comida, no hay televisión. ¡No: no hay televisión! Pero alguien tiene allí un transistor por el que irán, a cuentagotas, llegando las noticias. Entre tanto, algunos de los presentes se han marchado a ver qué dicen en la tele. Ellos irán contemplando en directo las imágenes de un horror que los que nos quedamos debimos durante una hora eterna sencillamente imaginar. Pues una hora, más o menos, fue lo que nos llevó irnos enterando de los datos que dibujaban la tragedia: que las dos Torres estaban incendiadas; que lo que había chocado contra ellas eran aviones de pasaje; que no se trataba de accidentes fortuitos, sino de un atentado terrorista; que otro avión se había lanzado también contra el Pentágono; que una de las Torres acababa de derrumbarse..., y que la otra se derrumbaba al poco tiempo; y que podía haber miles -¡muchos miles!- de cadáveres. Poco antes de marcharnos desolados, uno de los militares con los que habíamos compartido nuestro pequeño transistor, comentó que el atentado tenía que ser cosa de un tipo al que se refirió como Bin Laden y de una grupo terrorista llamado Al Qaida. Ni uno ni otro me sonaron para nada. Yo lo recuerdo así. Y usted, ¿cómo lo recuerda?