A TORRE VIXÍA
08 sep 2002 . Actualizado a las 07:00 h.SI EL 11-S FUE UNA TRAGEDIA, lo que vino después es una desmesura. Porque es un error convertir el terrorismo en guerra, para reordenar el mundo a base de bombas y miseria. Porque es injusto crear una imaginería mediática que distingue con tanta facilidad entre los muertos de América y todos los demás. Porque no se puede ignorar que por cada muerto americano ya subieron al cielo más de treinta afganos, que en su gran mayoría son tan inocentes como los de Nueva York, y más víctimas. Porque frente a un solar vacío, a la espera de un retruque soberbio y millonario, hay un país destruido y otro puesto a la cola, sin ninguna esperanza, y por causas e historias que tocan a la Casa Blanca. Porque no se puede olvidar quién creó a Bin Laden y a Sadam Huseim, como si la historia del mundo hubiese empezado hace 363 días. Porque no es normal que miremos como papanatas la bandera americana, los rezos americanos, los bomberos americanos y los oficinistas americanos, como si sólo ellos representasen la tragedia del mundo, o como si no existiesen Angola, Liberia, Eritrea, Colombia y Argelia. Porque no se entiende que incluso Europa se haya cegado hasta el punto de creer que, si América no actúa a su aire, la civilización se derrumba. Porque detrás de las Torres Gemelas nos han colado «su» guerra, y con todos los riesgos centrados aquí. Porque es necesario denunciar el pisoteo de la libertad y los derechos humanos al servicio de los intereses americanos. Porque no es posible que se exhiba tanta chulería y agresividad en defensa de una sola nación, como si Dios la hubiese bendecido, y como si el resto del mundo no fuese más que el contexto de su gloria. Porque es increíble que la UE escuche impasible las bobadas de Tony Blair, empeñado en comprar con dolor y sangre el mezquino papel de puente entre la acomplejada Europa y la obnubilada América. Porque no se entiende que el terrorismo sea algo tan flexible que sirva para todo, mientras los adalides de la libertad exigen protección contra el Tribunal Penal Internacional. Porque es una desgracia que nos gobiernen al margen de los valores y garantías que hemos ganado con tanto esfuerzo, y que se acepte sin rechistar que los derechos, libertades y garantías sólo duran hasta que de verdad nos hacen falta, o Bush los necesita. Porque es muy doloroso que un pésimo discurso de un político mediocre, improvisado al gusto de un electorado autista, nos tenga abocados a la guerra. Porque no se puede aceptar que haya malos sin que haya mal, y que el mundo se arregle con sólo matar a Bin Laden. Y, porque la seguridad no lo es todo, ni se obtiene de cualquier manera, ni es gratuita. Por eso pido que Dios nos coja confesados.