EL PRESIDENTE Fraga tiene que viajar menos a Cuba, a Argentina y a Uruguay. Y más a Estados Unidos. Y reunirse con George W. Bush. Para beber en las profundas fuentes del saber del presidente norteamericano. Ahí está la clave de la solución a muchos de los problemas que nos atañen. En Galicia llevamos décadas luchando contra los incendios forestales. Años creando brigadas, patrullas y grupos de vigilancia. Contratando helicópteros y comprando motobombas. Y al final, de poco nos sirve. Hacemos balances estremecedores. Nueve mil fuegos en lo que va de año. Los pirómanos se nos escabullen como las anguilas en el río Miño. Hasta que de repente llega Bush y nos da la solución. Hay que talar los árboles. Este hombre está en todo. Lo cierto es que no habíamos caído en tan imaginativo recurso. Ni el propio Fraga. Una vez más, ha tenido que ser este superhombre el que nos abra los ojos. Y ahora nos damos cuenta de que, efectivamente, sin árboles no hay incendios. Por eso no se producen en el Sahara. Ni en el Atlántico. Ni tampoco en el Ártico. Dejémonos de discusiones. De acusar a Carlos del Álamo de ineficaz. Acabemos con las sospechas de mafias organizadas e intereses urbanísticos. La solución que nos proponen desde Estados Unidos, además de imaginativa, es contundente. Del estilo de la que aplica en Afganistán y de la que, si nadie lo remedia, aplicará en Irak. El mal se ataja siempre por la base, con contundencia y sin contemplaciones. Talemos nuestros bosques. Descartes decía que la estupidez es la cosa más repartida del mundo. Lo era en su época, por el 1600. Hoy está toda concentrada en la Casa Blanca.