Guernica 2002

ALFONSO DE LA VEGA

OPINIÓN

COMO ES bien sabido, Guernica se convirtió en su momento en un símbolo de la violencia bélica ejercida contra la población civil indefensa. Las guerras son siempre crueles, pero hasta entonces se había limitado en gran medida el teatro de operaciones a los combates entre ejércitos. Guernica inagura una nueva época en la historia del horror y de la infamia, la del acoso, aterrorización y destrucción de la población civil, convertida en objetivo militar. Luego vendrían Madrid, Londres, Dresde, Hiro-shima, Sarajevo, Bagdad, etcétera. Relación demasiado grande a la que el lector puede añadir la ciudad en que esté pensando. Ahora, el fuego indiscriminado contra los civiles ya es algo que resulta casi habitual en el proceso de envilecimiento moral en el que estamos inmersos. Los nacionalistas vascos de EA, para terminar de liquidar los restos de la dignidad y nobleza del pueblo vasco, parecen dispuestos a rematar la obra de la Legión Cóndor de sus homónimos nacional-socialistas, devastando lo que queda de conciencia moral. Los gudaris de la época se rindieron en cuanto pudieron a los fascistas italianos. Los actuales nacionalistas vascos hace ya tiempo que parece que se han rendido al terror y la delincuencia política. Su ocurrencia de celebrar una manifestación para protestar porque el Estado de derecho tenga la osadía de intentar defender del terror a la población civil mejor que hasta ahora, constituye un paso más en su proceso de degradación moral que les está llevando extramuros de Europa. Cada vez resulta más patente que el tinglado secesionista vasco tiende a asemejarse en su funcionamiento al narcotráfico. Existe un grupo que pilota planeadoras, descarga alijos y distribuye el menudeo, con mayor o menor violencia. Pero otros, a veces desde sus honorables despachos, blanquean y dan apariencia de legalidad al dinero ilícitamente obtenido. Resulta repugnante que nacionalistas supuestamente democráticos intenten blanquear los desmanes del nacionalismo lumpen , haciéndolos pasar por libre ejercicio de la política. En Guernica, los nacionalistas vascos se disputan una herencia, pero no la mítica de una tradición democrática históricamente inexistente separada de la común al Reino de Castilla, sino la de los votos de la sangre. La herencia de la barbarie. Nunca el árbol de Guernica ha cobijado tantos desalmados a su sombra. Información en la página 20