04 sep 2002 . Actualizado a las 07:00 h.
Más de cien jefes de Estado no han sido capaces de darnos sosiego. La Cumbre de la Tierra acaba sin acuerdo sobre los remedios que precisa el planeta enfermo. Como mucho, algún placebo contra la polución y la pobreza. ¿Por qué? Porque quien más contamina (y más manda) es avaricioso. Bush sigue dilapidando las simpatías que EE.UU. acumuló el 11-S.