03 sep 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

NO: ARDEN los montes de Santiago... y los de Piñor de Cea y A Coruña; los de Sober y Vilanova; y los de San Amaro y Lourizán. Sí, arde Galicia de norte a sur y de este a oeste. Lleva varios días ardiendo ante mis ojos el vecino monte de la aldea santiaguesa de Vidán, en un incendio voraz e interminable contra el que luchan, como quien lo hace contra un fantasma que desaparece y reaparece, hidroaviones y helicópteros. Los montes arden en Galicia desde hace tantos años que, al fin, se han dispuesto muchos y muy costosos medios materiales que han conseguido reducir la superficie calcinada y sofocar en un tiempo reducido la mayor parte de los miles de focos de fuego que se declaran en los meses de verano. Sí, hemos conseguido controlar, cuando menos parcialmente, esta catástrofe, pero hemos sido incapaces, pese a todo, de responder a la pregunta sin cuya respuesta la total superación de aquella es imposible: ¿por qué arden nuestros montes? Hay quien dice que por los intereses urbanísticos. Acabamos de oírselo ahora al alcalde de Santiago y al propio conselleiro de Medio Ambiente a propósito de los incendios de Vidán. Pero, las explicaciones, que oscilan entre lo razonable y lo increíble, son para todos los gustos: intereses de los madereros o de las papeleras; factores ambientales; cambios en el uso de los montes; intereses de las propias cuadrillas de bomberos que trabajan a destajo; lumes políticos contra la Xunta de Galicia; venganzas vecinales. Y esto -¡hay que decirlo de una vez!- es lo que resulta inaceptable: que tras tantos años de luchar contra los incendios forestales, ninguna de las administraciones autonómicas haya sido capaz de montar un gran equipo de trabajo (con ingenieros, biólogos, sociólogos, juristas, policías, etcétera) encargado de aclarar un misterio que hace mucho que debía haberse desvelado. Pues si los montes arden por una cosa no es lo mismo que si arden por la otra. Por ejemplo: si arden por la acción de los pirómanos, no es igual que si lo hacen por causas naturales. Y si los pirómanos trabajan para las papeleras no es igual que si trabajan al servicio de las constructoras o los madereros. La autonomía dispone de inmensos medios de poder -legislativos, gubernativos, judiciales, policiales- para dar una respuesta a los más graves problemas del país. Pero tratar la enfermedad de los incendios con simples medidas paliativas, sin entrar a estudiar con todo lujo de detalles la patología que explica esta catástrofe ecológica, económica y social es una pura insensatez. Y así llevamos más de veinte años: encomendándonos a la lluvia -natural o artificial - que cae del cielo.