AUNQUE ES POSIBLE que el título se lo sugiera, no voy a hablar sobre el ataque de Bush a Irak, ni sobre el conflicto palestino-israelí, ni sobre la crisis vasca, ni sobre la ausencia de Aznar en la Cumbre de Johannesburgo, ni sobre la violencia doméstica, ni sobre la innecesaria pleitesía rendida por la Corona ante el dictador saudí, ni sobre la inmunidad que exige el Pentágono para sus soldados desplazados en Colombia, ni sobre la crisis política y económica de Argentina, ni sobre los detenidos de Guantánamo, ni sobre lo que está pasando en Chechenia o Afganistán. Sólo quiero escribir sobre la empresa Sogama, aunque lo haga reconociendo que, en medio de la tormenta que se abate sobre el mundo, no pasa de ser un tema menor. Pero aquí, en Galicia, Sogama es un asunto importante. Porque, en medio de los muchos éxitos que Fraga se apropia y exhibe sin haber puesto ni un euro ni un proyecto (autovías, trenes, gas, redes de telefonía y cosas así) el modelo de tratamiento de los residuos urbanos se nos presenta como un símbolo de la gestión global de la Xunta, libremente elegido, libremente organizado y ubicado, y con una clientela casi cautiva, que carga sobre Sogama la previa incompetencia de los concellos para dar respuesta a un problema viejísimo y que tenía a toda Galicia convertida en un basurero incontrolado. ¿Y que pasa ahora? Pues que, apenas puesta en marcha, y antes de mostrar su capacidad para librarnos de las neveras y los colchones viejos y de los montones de mierda repartidos por los bosques, ríos y cunetas del país, mientras la recogida de las basuras sigue presentando un panorama de desastre, la empresa Sogama se evidencia como un tinglado caro, ineficiente y sin futuro, y sin capacidad para impulsar un modelo de recogida y tratamiento de basuras adecuado a Galicia.¿Y qué solución propone la Xunta? Disimular el fracaso y huir hacia adelante, aunque haya que quemar en las calderas de Sogama algunos millones de euros que la Xunta y los concellos deberían destinar a otros servicios públicos. ¿Y si los concellos se niegan a pagar? Pues que lo paguen las diputaciones -¿era esta su justificación?- malversando los mismos recursos que pertenecen a los concellos y a sus obras y servicios. ¿Y si no cuela? Es una hipótesis absurda, porque en este país cuela todo. ¿Y quién es el responsable de la gran desfeita? Nadie, naturalmente. Porque los conselleiros no hacen nada por su cuenta, y don Manuel, por principio, lo hace todo bien. Por eso no hace falta cambiar el voto, ni leer los programas, ni pedirle responsabilidades al cacique de turno. Basta con tener resignación y vista gorda, y, como siempre, saldremos adelante.