LO HEMOS OÍDO a lo largo de estos días y lo oiremos todavía en los que nos quedan por vivir tras la suspensión de Batasuna y el comienzo del proceso destinado a ilegalizarla por vulnerar los principios democráticos. «Todas las ideas son legítimas», se nos dice. Y también: «El hostigamiento contra Batasuna no tiene otro objetivo que reprimir el independentismo». Pues bien: ninguna de las dos cosas es verdad. No lo es, desde luego, la afirmación de que «todas las ideas son legítimas». ¿Es legítimo, por ejemplo, defender el apartheid? ¿O la superioridad racial de los blancos sobre las personas de color? ¿Es legítimo defender los malos tratos como forma de corregir a los menores o de sancionar el adulterio? ¿Y defender la mutilación sexual de las mujeres? ¡En forma alguna! Que se lo pregunten, si no, a aquel profesor de la Complutense de Madrid que fue sancionado por explicar que los negros eran inferiores a los blancos. O a los propietarios de la librería madrileña, clausurada por orden judicial, desde la que se propagaban las ideas raciales del nazismo. No, nadie duda entre nosotros de que hay ideas tan atroces que su misma defensa constituye un atentado a los principios de la libertad civil y la igualdad ante la ley en que se basa la convivencia en las sociedades democráticas. ¿Es legítimo defender la independencia de un territorio sin Estado? Por supuesto. Tanto como postular la república, el comunismo o la anarquía. Por eso a nadie en su sano juicio se le ocurre la posibilidad de ilegalizar al PNV, que defiende la independencia del País Vasco y de Navarra. O a Esquerra Republicana, que defiende la de Cataluña, además de la república. No es eso, sin embargo, lo que desde su nacimiento ha venido defendiendo Herri Batasuna. No, no engañemos a la gente. Lo que ha venido defendiendo es que para conseguir la independencia es legítimo hacer lo que hace ETA: matar, secuestrar y extorsionar. Y ello hasta el punto de que según un libro del profesor vasco José María Mata López ( El nacionalismo vasco radical ), el 48% de las acciones de HB entre 1978 y 1988 tuvieran por finalidad el apoyo explícito a ETA militar. Ahí es donde radica la cuestión: en que Batasuna debe ser ilegalizada no por defender la independencia, sino por amparar las acciones criminales de quienes la defienden mediante la violencia terrorista. Mantener que tal cosa es legítima y debe, por ello, ser legal, sería tanto como decir que lo fueron las ideas de quienes dieron cobertura ideológica a la solución final con la que se pretendió poner fin a otro conflicto : el que suponía la existencia de millones de judíos.