La realidad y la ley

OPINIÓN

«LA LEY -decían los ingleses- puede hacerlo casi todo, menos convertir a un hombre en mujer». Hoy sabemos, sin embargo, que sucede casi lo contrario: que con la ley, la cirugía y un hombre se tarda un periquete en hacer una mujer, pero que, contra lo que piensan muchos juristas y algunos políticos, apenas se puede modificar nada más. La ley administra la realidad, pero no la cambia, y por eso nuestra sociedad convive con una serie de cosas que están prohibidísimas. ¿Ejemplos? Si usted quiere droga o éxtasis las encontrará con toda facilidad en un mercado consentido, que incluye, por supuesto, las cárceles del Estado. La mayoría de los inmigrantes son ilegales. Los límites de velocidad sufren mil infracciones por minuto. Los abusos sexuales están a la orden del día. La violencia doméstica parece una plaga. El fraude a Hacienda se renueva con técnicas sofisticadas. Los mafiosos se reúnen en las terrazas, y la trata de blancas se hace con más facilidad que la de ganado. Y así hasta el infinito, aunque algunos de esos delitos llevan prohibidos más de veinte siglos. Claro que eso no significa que la ley sea un trasto viejo que no sirve para nada. Sólo quiere decir que no cambia la realidad, y que, mientras la norma marca la pauta para controlar los excesos, no queda más remedio que trabajar la sociedad en términos políticos, económicos y morales, educando a la gente, dándole alternativas y logrando que las conductas delictivas pierdan el atractivo que las explica. Y de ahí se deduce lo equivocadas que resultan las políticas que, relegando las acciones expresamente orientadas a producir el cambio social, encomiendan a la ley la definición y el advenimiento del orden idílico que la práctica desmiente. En un día tan señalado como hoy, que para muchos españoles representa el nacimiento de un nuevo orden basado en la ya famosa Ley de Partidos, quiero recordarle que, si el terrorismo es una realidad social objetiva y duradera, no se cambia sólo con la ley, y que, mientras la norma gestiona el desorden en defensa de toda la sociedad, resultan imprescindibles las acciones políticas orientadas a modificar las circunstancias que hacen posible y rentable el terror. Por eso temo un agravamiento del terrorismo en España. Porque, mientras se confía el cambio a la ley y los jueces, se hace una política y unos discursos que activan la confrontación en la sociedad vasca. Y en ese ambiente la Ley de Partidos no pasa de ser una huida hacia adelante que, antes de un año, se habrá convertido en un trasto inútil y grave estorbo. Y eso nos hará volver otra vez al principio, igual que hacía Penélope con su legendaria tela.