La puerta del tiempo

| ANTONIO GONZÁLEZ |

OPINIÓN

23 ago 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

LA BAHÍA entre el cabo Ortegal y la Estaca de Bares es la puerta por la que entran en la Península las borrascas y los anticiclones. También aquí se anudan todos los vientos y, como me dijo Manuel Rivas, por aquí nace la niebla. En el Ortegal no hay dos días ni dos luces iguales. La lluvia, la niebla, el viento y el sol condicionan el paisaje y hasta la vida de las gentes. En estos lugares, por ser la puerta de entrada, el tiempo meteorológico adquiere un protagonismo especial en la existencia de sus habitantes. Hay personas que llevan en el rostro el signo de la lluvia; otras tienen en sus caras los rasgos de borrascas o de vientos. Las hay, incluso, que tienen niebla en sus ojos. Los viejos marineros, acodados en el puente de su barco imaginario, tienen añoranzas de mares con marejadas y viento de poniente. Los hombres y mujeres que siembran sus modestas cosechas piensan en la lluvia justa y oportuna que premie su esfuerzo y los jóvenes intuyen su futuro en el vuelo de las nubes. En el Ortegal, el tiempo es sustantivo. En estos lugares, por aquello de que la meteorología es primicia, contemplar la evolución del cielo y sus infinitas variedades es un rito que los paisanos practican de manera egoísta. El buen tiempo es propio y el mal tiempo es ajeno. Por aquí se dice que quien quiera mentir que hable del tiempo. Este dicho es cierto, porque en cuanto a pronósticos, nadie acierta. Cada uno tiene su propia teoría basada en extrañas premoniciones que confunden la realidad, por cierto, más bien pesimista, con el deseo. Por estos lugares la conversación sobre el tiempo no es el recurso tópico de los diálogos insulsos y distantes entre dos personas que no saben qué decirse. Aquí se habla del tiempo como cosa propia, incluso con cierto complejo de complicidad. El paisano de estas tierras conoce la evolución del tiempo antes y mejor que el Servicio Meteorológico Nacional, porque lo ve venir por la bocana del Ortegal, que es el más eficaz instrumento de previsión inmediata. La tecnología que detecta las variaciones climáticas no se equivoca, aunque sus interpretadores, sobre todo cuando se refieren a Galicia, suelen errar, con bastante frecuencia, en la puntería. Aquí, en las puertas del tiempo, todo lo que pasa está condicionado por un depende, que es el cauteloso y sabio recurso gallego para no equivocarse. Incluso la vida cotidiana de las gentes es un complejo depende. Hay personas con vientos del norte en sus derroteros. Otras que emigran con los vientos del sur o huyen de la borrasca hacia el este. Algunos llegan de otras tierras buscando la brisa del oeste, la que llega del mar... La vida en el Ortegal es sencilla y monótona, aunque, por ser la puerta del viento, es también extraordinaria. Un excepcional depende.