La luz de mis ojos

OPINIÓN

17 ago 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

ME LO CONTÓ la diputada autonómica Marisol Soneira a su vuelta de un nuevo viaje por tierras de emigración. En Wilde, localidad costera del sur de Argentina donde una importante colonia de oriundos de Costa da Morte hicieron sus vidas hace más de medio siglo, un octogenario lúcido pero alejado del centralismo consular de la capital bonaerense reclamaba una oportunidad para su nieta, «la luz de mis ojos» -la denominó-, para volver a la tierra de sus antepasados y encontrar una esperanza de futuro como la que su abuelo le dio a él llevándoselo a aquella tierra austral. Días después, en Montevideo, Soneira presenció el lamentable espectáculo de la caridad ostentosa ejercida «en la plaza pública» ante los ojos del Gran Hermano mediático. En este caso eran cincuenta y dos gallegos en situación de gran necesidad quienes recibieron una ayuda de subsistencia de manos del conselleiro de Emigración. El diez por ciento de toda la población uruguaya procede de Galicia; aquellos cincuenta y dos trasterrados son una ínfima representación de todos los que necesitan auxilio y comprensión pero nunca exhibición obscena de piedad. El conselleiro hizo un acto público de entrega de cheques a medio ciento de gallegos que hubieron de desfilar para recoger su limosna, quemando la dignidad en la hoguera del hambre y bajando la mirada para el resto de sus vidas. Las historias se tornan dolientes y amargas cuando tienen caras, nombres, apellidos... La epopeya de la emigración, con pasados momentos de bonanza y su presente de infortunio y penuria no puede tratarse desde el poder como un espectáculo, pero los de abajo tampoco podemos mirar hacia otro lado mientras se va apagando la luz en los ojos de nuestros hermanos.