Se ha recordado hasta la saciedad que ayer se cumplieron veinticinco años de la muerte de Elvis Presley, el primero y el más excitante de los intérpretes de la nueva música que surgía del country, del blues y también del gospel, y que hoy llamamos simplemente rock. Me había hecho el propósito de no tratar de este asunto, pero la necrofilia falseadora detectada en algunos comentarios me ha hecho cambiar de opinión. ¿Verdaderamente hace 25 años que ha muerto Elvis Presley? ¿Y por eso se puede hablar ahora de él con la impunidad con que se hace, entronizando sus excesos con las drogas o exagerando hasta el absurdo sus desmesuras sexuales? No se fíen y permanezcan atentos a la pantalla. Pronto se reeditarán treinta de sus números uno, y los compradores, según los expertos, serán nuestros hijos, aquellos que ahora tienen la edad que entonces teníamos. Y descubrirán que el Elvis musical y la muerte se desconocen. Escuchen de nuevo Hound dog, Blue suede shoes o Heartbreak hotel , la preferida de Clinton, y me comprenderán. Elvis está vivo y es tan puro como nosotros lo imaginamos. Para siempre. ¡Pobres chicos de la Operación Triunfo!