El silencio, ¿es sólo silencio?

| ROBERTO L. BLANCO VALDÉS |

OPINIÓN

EL OJO PÚBLICO

10 ago 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

DESARBOLADO: así se encuentra desde hace mucho el PNV. Y así, desarbolado, navega a la deriva por un mar infestado de seres sanguinarios: el de la política en el País Vasco. El miércoles pasado, tras los atroces crímenes de ETA en Santa Pola, se reunía la Junta de Portavoces del Parlamento de Vitoria y el representante de Batasuna se negaba a suscribir el comunicado de condena aprobado por la Junta. Ninguna novedad, pues eso es lo de siempre: ETA mata y los infames compinches de su empresa mortuoria justifican los atentados como manifestaciones del conflicto. Apenas la Junta de Portavoces hubo terminado, los diputados del PP y del PSE manifestaron lo evidente: que la negativa de Batasuna a condenar entraba de lleno en los supuestos que la Ley de Partidos ha previsto a los efectos de disolver a aquellas fuerzas que den «apoyo político expreso o tácito al terrorismo, legitimando las acciones terroristas para la consecución de fines políticos». A la vista de esa reacción, la respuesta del PNV defendiendo a Batasuna fue inmediata: «el silencio es solo silencio», dijo Egibar, con su habitual desfachatez. ¡Es difícil imaginar que un partido que se dice democrático pueda haber sido llevado por una camarilla envenenada por su antiespañolismo patológico a tales extremos de abyección! ¡Y de cinismo! Pues, ¿es sólo silencio, como afirma el PNV, el silencio de quienes nacen para ser los portavoces legales de una banda terrorista?; ¿cabe interpretar el silencio de Batasuna ante los crímenes de ETA de otro modo que como un grito de apoyo a los etarras? Nadie, salvo un desalmado, puede dudar de la respuesta que ha de darse a estas preguntas. El supuesto silencio de Batasuna -que constituye una asentimiento tácito evidente al asesinato de un jubilado que esperaba el autobús y una niña que bailaba en casa ante sus padres- no es más que la sucia triquiñuela de quienes, como leguleyos de ventaja, creen poder jugar con las palabras para eliminar así una evidencia aterradora: que Batasuna (como antes HB) existe con el único objetivo de dar cobertura a los crímenes de ETA, canjeando la sangre de sus víctimas por contrapartidas políticas legales. Con esa vergüenza es justamente con la que la Ley de Partidos trata de acabar. El objetivo es tan fundamental para nuestra convivencia en libertad, que constituiría un error imperdonable que las prisas llevasen a los defensores de la ilegalización de Batasuna a no acertar a la primera. Aunque, por desgracia, el último atentado de ETA en Torrevieja parece indicar que la banda facilitará las cosas al Supremo. Para que quede claro, una vez más, que quien manda es ETA y quien obedece Batasuna.