Botarlle terra ó asunto

OPINIÓN

07 ago 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

DICE EL PERIÓDICO, y si lo dice será verdad, que los técnicos de Medio Ambiente están entusiasmados con un nuevo tanque contra incendios que, en vez de echarle agua al fuego, como se hace en todas partes, le echa tierra molida. El chisme, según me dicen, se desplaza sobre cadenas -de ahí el nombre de tanque - y no se detiene ante ningún obstáculo, y, en el tiempo que dura un partido de fútbol, con descuentos incluidos, es capaz de arrancar 465 metros cúbicos de tierra y espolvorearlos sobre el fuego, igual que se espolvorea el azúcar sobre la tarta de Santiago. Lo que no dice la crónica -porque quizá lo encuentra accesorio- es si la tierra apaga el fuego mejor que el agua, aunque yo tengo por cierto que eso está muy probado, y que Carlos del Álamo no se fue de veraneo sin tener en su poder el test de los resultados. Pero las alegrías terminan aquí, porque en lo que de verdad se extiende el periódico es en decir quienes se oponen a este invento made in Galicia . Y entre esos opositores destacan los ecologistas, que suponen que el arranque de tierras hace más daño que el propio incendio, y la Sociedad Gallega de Historia Natural, que, haciendo más honor al sustantivo Historia que al adjetivo natural , compara al tanque apagafuegos con el mismísimo Atila, para afirmar que «donde pise este artilugio no volverá a crecer la hierba». Yo, sin embargo, quiero interesarme por el famoso tanque, y pedir que se fabrique al menos un prototipo, para destinarlo a la Consellería de Presidencia y Administración Pública. Claro que yo no sé nada de apagar incendios, ni quiero terciar en la polémica entre Del Álamo y los ecologistas. Y por eso debo advertirles que sólo me intereso por la máquina como politólogo, especialista en estudios de la Administración y atento a todo sistema mecánico u ofimático que pueda mejorar los resultados de ese Leviathan somnoliento que gestiona nuestros impuestos e intereses comunes. Una de las cosas que consume más tiempo y esfuerzos en la Administración es la necesidad de echar tierra sobre asuntos varios, para que las meteduras de pata desaparezcan del mapa antes de llegar a los oídos de los administrados. Y por eso se me ocurre que la máquina de Carlos del Álamo podría tener una utilidad infinita en la Consellería de Presidencia, donde se concentra el mando operativo de los echadores de tierra. Porque, si el tanque espolvorea 465 metros cúbicos de tierra en poco más de hora y media, muchos cientos de funcionarios podrán dedicarse a otra cosa. Eso sí que es progreso de verdad, exportable, por ejemplo, a las administraciones Bush y Berlusconi. ¿Y el fuego? ¡A machacarlo con xestas! Como siempre se hizo.