Dígalo con números

ANTONIO IZQUIERDO

OPINIÓN

EL INE, que es la fábrica del conocimiento estadístico de la realidad social española, parece decidido a convertirse en una destilería de ideología. De esa que embota los sentidos y ciega el análisis. Ofrece la cifra del Censo levantado en noviembre del 2001 y, como cabe exigirle, la da casi con decimales. Éramos 40.847.371 habitantes. Atribuye el aumento de la población en España a que los extranjeros vienen y se instalan y a que los nacimientos aumentan. Hagan ustedes el favor de buscar el número de extranjeros. No lo hallarán. Porque en lugar de dar los datos que avalen la explicación del crecimiento y de los pronósticos, el instituto los sustituye por una nota de prensa. Dice que en 1991 los forasteros eran 353.000 y que se han multiplicado por más de cuatro. No sabemos si por 4,1 o 4,8. ¿Por qué no da la cantidad exacta? Los medios de comunicación hacen sus cálculos y dicen que los extranjeros superan el millón y medio. Pero no acaba ahí la cosa. Al final de la nota de prensa se pronostica que, de seguir así los flujos, España alcanzaría «en el medio plazo una proporción de extranjeros similar a la de Bélgica o Alemania (9%)». Una proyección demográfica que presuma 80.000 extranjeros al año, es decir, dos millones cuatrocientos mil en 30 años da como resultado un 5,7% en el 2030. ¿Les parece un plazo medio y una cifra razonable? No afirmo que este escenario sea el que finalmente cuaje, pero lo que le pido al INE es que de el plazo de tiempo de su proyección y la cantidad neta anual. En fin, que lo que hace falta es menos interpretación y más cálculo. Pero resulta que en unos días se publicará el Anuario Estadístico de Extranjería . Fuente oficial del Gobierno sobre la población extranjera. Y en ese anuario se dice que en diciembre de 2001 había 1.109.060 extranjeros con permiso de residencia. Así que alguien debería explicar la discrepancia entre una estadística y la otra. Porque cuatrocientas mil almas no se pierden así como así. Y conste que en este punto considero que el INE anda más fino que el ANEE . Pese a que no se hizo una publicidad específica entre los extranjeros para subrayar que en el Censo se guarda el secreto estadístico. Confío más en el INE porque es un hecho demostrado que el Gobierno regulariza con retraso a los inmigrantes extranjeros que llevan tiempo aquí. Si esos cuatrocientos mil extranjeros de más son irregulares, hay que echarse las manos a la cabeza. Una desviación como esa pone al descubierto con cuán poco conocimiento se hace la política de inmigración. Si no es así y resulta que el error está en el Censo, hay que preguntarse por la calidad del mismo en este y en otros aspectos como el recuento de las parejas de hecho y los sin hogar. En fin, que hay que tener cuidado con las estadísticas, como nos recomienda el Informe sobre el Desarrollo Humano . Una estadística tiene que ser fiable y válida. Válida porque mida bien lo que se propone contar. Y fiable porque todo aquel que la utilice llegue a los mismos resultados. Y, además, una estadística ha de ser pertinente desde el punto de vista normativo. Una buena contabilidad es básica para que la democracia respire. La interpretación la pone el lector si se le dan las cifras. Dígalo con números es el título de un libro clásico para las Ciencias Sociales. Dígamelo con números detallados y desagregados para que los ciudadanos seamos más libres, deberíamos pedirle al INE.