AHORA QUE en los países ricos estamos -por lo menos en Europa-, gozando como yanquis de las tres eses (Sand, Sun and Sex) , y tentados los columnistas de abordar con tintas psicosociológicas o algo así esta trilogía, no nos vayan a tomar por unos frivolones u obsesos, una preocupación, un reparo nos embarga: ¿cómo guardar las apariencias y persuadir a la clientela de que no practicamos el periodismo basura, al contrario de muchos colegas? Y uno se va a buscar recetas en un semanario francés de gran tirada e inspiración católica fundado, para más gloria, por los asuncionistas. De Telerama se trata, cuya primera plana nos espanta con una palabra infernal: SEX . Así, absuelto de antemano, me lanzo sobre Liberation y me entero en este diario antaño izquierdista y ahora manual de la izquierda caviar , como diría el otro, de que todo vale con tal de cuidar el vocabulario, escribir con circunloquios y evitar palabras malsonantes. Si queremos comentar una película pornográfica, hemos de decir que «se trata de un instante incandescente en la historia de la representación del cuerpo», y sin necesidad de mucho pesquis el lector entiende que podrá regodearse con encuentros y relaciones de seres desnudos a granel. Lo esencial es persuadir de que si a uno le interesa eso , no se debe a su cariz erótico o excitante, si no por su dimensión social y ser asunto de civilización. ¿Pero por qué andarse con tratos rodeos? Para salvaguardar la moral cristiana, la bella y aristócrata diputada chiraquista Françoise de Panafieu acaba de proponer al Parlamento una medida revolucionaria , como las que prometió Chirac en la campaña electoral: la reapertura en Francia de los burdeles o casas de tolerancia. Arguye la dama que los burdeles bien controlados protegen a las familias honestas, al tiempo que contribuyen en la educación sexual de sus muchachos. ¡Cómo no aplaudir cuando uno fue cliente asiduo de la Rinconada de Lugo! Los socialistas, que las habían clausurado después de la guerra, han puesto el grito en el cielo, como si creyeran en el otro mundo. Se oponen a tan sensata medida. Recuerdan que grandes frecuentadores de lupanares como Maupassant contrajeron allí la sífilis, igual que en la Rinconada se pescaban blenorragias a gogó; eso sin contar que las muchachas se ven obligadas por las mafias a caer en la esclavitud. Eso en cuanto a Francia. En el otro lado de la frontera, un diputado socialdemócrata ha conseguido que le dieran la medalla del mérito a la digna anciana Beate Ushe, a quien el Festival paralelo de Cannes le atribuía un Cuerno de oro «por el conjunto de su obra». ¿En qué consiste la obra de Beate Ushe?: creó 50 sex-shops en Alemania y 56 sucursales en doce países europeos, así como un sitio de Internet y una cadena de televisión, dedicados exclusivamente al sexo. Su cifra de negocios se eleva a 217 millones de euros y cuenta con más de mil empleados. El colmo de la utilización de un barniz científico en el lenguaje erótico lo alcanzó una tal Hélène, directora del Centro de la Educación Sexual Aplicada. Esta denominada Hélène, tras una formación psicoanálica acelerada, fundó los Cuadernos del sexo , en los que dispensa una información exhaustiva sobre todo lo que se ha de hacer para no quedar mal, y ello con ejemplo y práctica personales. Porque Hélène piensa, como los griegos, que el movimiento se demuestra andando y lo asume: el lector, si lo desea, puede experimentar con la profesora lo que ha leído -lo que ella llama psicoanálisis tántrico - mediante pago de la consulta y de la praxis. Estas son diversas e insólitas maneras de abordar la pornografía como quien no quiere la cosa. Una técnica que desarrolló Lope en un célebre soneto.