CUANDO Lolita P. envió desde A Coruña a su consuegra de Oviedo un telegrama donde la informaba de que la hija de la primera y nuera de la segunda había tenido «un recién», la receptora vaciló entre la duda sobre el significado de la palabra y el reproche por la parquedad del mensaje. Ignoraba que la mamá política de su hijo utilizaba, como es habitual en su tierra, recién como sustantivo, con el significado de 'recién nacido', y no como adverbio, única forma reconocida por la Academia. En España, recién se emplea ante participios (recién llegado, recién casados, recién afeitado), y en América, también ante formas conjugadas del verbo con los significados de 'recientemente' y de 'apenas' (Recién llegó a su casa se acostó) . En algunos lugares de Galicia se utiliza como nombre, y como tal hasta en plural (En la sala de espera había dos mamás con sus recienes). El uso no es nuevo. Emilia Pardo Bazán escribió en Los pazos de Ulloa (1886) sobre «el complicado ajuar de los recienes: gorras, ombligueros, coleros, pañales...». El localismo resulta tan sugerente que hasta ha dado el salto al mundo del espectáculo, donde ha sido tomado como denominación por un grupo coruñés de rock alternativo e independiente, que a pesar de su nombre -Los Recienes- viene dando caña desde 1990. Quizá como muestra de la pureza y la inocencia que sugiere la marca, los autores de Mira mi chándal, Guárdame en formol y Dime Loly presumen de no haber firmado nunca un contrato discográfico. hablar.bien@lavoz.es