BIEN MIRADO, el referéndum que convoca Caruana en Gibraltar le viene bien a la política interior de España. Y cuanto más se irrite el gobierno británico, mejor. Y cuantos más argumentos de rechazo se le ocurran a Blair, más favor le hacen al gobierno Aznar. ¿Qué por qué digo esta tontería? Pues miren: porque es como si los ingleses se pusieran a trabajar para España para un delicado momento: el instante en que Ibarretxe tenga la ocurrencia de convocar su anunciado referéndum para conocer la opinión de los vascos sobre la autodeterminación. Ya lo sé: Euskadi no es una colonia. La autodeterminación no supone la transferencia de soberanía a otra potencia. Pero, en el fondo, las situaciones políticas son similares. Según Londres, sólo el gobierno de Su Majestad puede convocar una consulta válida y, por tanto, no aceptará algo hecho a sus espaldas y contra él. Según la Constitución Española, esa competencia también corresponde en exclusiva al Gobierno de la Nación y, por tanto, carece de validez cualquier otra iniciativa. Visto desde el otro lado, para Caruana, la consulta reflejará «la voluntad del pueblo gibraltareño». Para Arzalluz-Ibarretxe, en el País Vasco tiene, o tendría, idéntico valor. A partir de esas bases, el Reino Unido tendrá que emplearse a fondo para cargarse de razones jurídicas y convencer a toda Europa de la perversión intrínseca de la idea de Caruana. No le basta con rechazar la iniciativa: tiene que demostrar que su postura es la más democrática, la única válida en democracia. Y ésos serán, exactamente, los desafíos del gobierno español si Ibarretxe llega a hacer su convocatoria. Por eso digo que los británicos están trabajando para España. Aznar, que sigue teniendo mucha suerte, debería utilizar sus espías para animar a Caruana al referéndum. Eso sí, de puertas afuera sólo puede decir lo que está en el guión: que es una barbaridad.