La izquierda israelí

ENRIQUE CURIEL

OPINIÓN

25 jul 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

EL ESPANTO que produce en el mundo el bombardeo de la población civil de Gaza sólo es comparable con la indignación que experimentamos al conocer, una vez más, el instinto asesino de Ariel Sharon. Será difícil que olvidemos la imagen del cuerpo de un bebé, probablemente muerto, sostenido por los brazos de uno de los palestinos que pretendían socorrer a las víctimas. Las primeras declaraciones de Sharon anunciando el éxito del atentado preventivo contra Salah Shajade y su familia helaron la respiración de medio mundo. La eficacia del misil disparado contra el barrio en el que suponían que se encontraba el jefe de las Brigadas Azzadim El Qassam no se veía anulada por la muerte de quince personas, nueve de ellas niños. ¿Acaso hubiera sido aceptable la ejecución extrajudicial de Shajade si no se hubieran producido daños colaterales ? Algunos dudamos de la salud mental del jefe de gobierno de Tel Aviv. Y no me digan que Sharon se limita a responder a los brutales atentados de las organizaciones palestinas. Nadie en sus cabales puede aceptar la bomba que arrasa las vidas de ciudadanos israelíes. Pero Israel dice ser un Estado de Derecho que se rige por el Derecho Internacional. Su comportamiento no lo confirma. Para Sharon, el 11-S significa, simplemente, la supresión de la ley. La masacre de Gaza confirma que con Sharon no existe ninguna posibilidad de avanzar hacia la paz. La decisión de efectuar el bombardeo se produce cuando se estaban celebrando las primeras conversaciones entre los delegados de Arafat y los israelíes para abordar algunos problemas acuciantes. Hamás había anunciado su disposición a una tregua si Israel retiraba sus tropas de las ciudades palestinas. Las milicias Tanzim, brazo armado de Al Fatah, iban a anunciar una tregua unilateral e incondicional como consecuencia de las presiones de Arafat. EE. UU. mantiene su protección sobre Israel, como se ha puesto de relieve en la sesión del Consejo de Seguridad de la ONU al vetar una resolución de condena. Y Europa asiste, impotente, al incendio. No hay solución exterior. En consecuencia, cualquier cambio de la situación será el resultado de un proceso interno de la sociedad israelí para desplazar electoralmente a Sharon de la presidencia del gobierno. Intelectuales, grupos económicos significativos, medios de comunicación influyentes y sectores del Ejército, estiman que es preciso poner fin a la espiral del ojo por ojo . Grupos de la izquierda israelí desean llegar a un acuerdo básico con el Partido Laborista para proponer una gran plataforma para la pacificación. Simón Peres, los laboristas que colaboran en el gobierno de Sharon, adquieren una gran responsabilidad y deberían de comprender que así no se puede seguir. Su pueblo se lo agradecerá.