EL ÚLTIMO EXILIADO

OPINIÓN

23 jul 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Cuando alguien emigra por hambre, es que vive en un país muy pobre. Cuando alguien emigra por razones políticas, es que vive en una dictadura. Y entonces, no se puede hablar de emigración. Hay que hablar de exilio. Y el exilio nunca es voluntario. Siempre es forzoso. Sus víctimas son refugiados políticos, aunque nadie les reconozca ese tratamiento. Francisco Llera, profesor universitario y director del Euskobarómetro, es el último exiliado que se dispone a abandonar territorio español. Es el último refugiado que llega de España a los Estados Unidos. Lo confirmó ayer: no aguanta más. Se siente perseguido. No soporta más tiempo las «vejaciones, insultos y linchamientos de los nacionalistas». Fijaos que no habla de amenazas o extorsiones de ETA. No huye de su chantaje, ni invoca su miedo. Habla de la presión nacionalista. Habla de ese clima que hace el ambiente insoportable. Es como aquella concejala que decía en la tregua: «No nos matan, pero no nos dejan vivir». Eso es lo grave. La persecución del discrepante en Euskadi ya no es una exclusiva del entorno etarra. Es una enfermedad social. Es una epidemia que se extiende poco a poco, como una mancha de aceite. Se empieza a odiar lo que no es políticamente correcto desde la ideología nacionalista. Ahí está el germen de la exclusión y la marginación. Francisco Llera, nacido en Bilbao, es la última víctima conocida. Y tiene suerte, porque dispone de una universidad americana donde refugiarse. Otros sólo tienen la resignación. Su huida es la denuncia dramática y personal de lo que Aznar llama «nacionalismo excluyente». Cuando esto ocurre -y su estudio sociológico dice que el 11 por ciento de los vascos están dispuestos a hacer lo mismo-, es que se ha muerto la libertad. La convivencia es patrimonio de fanáticos. Y lo más triste es que el gobierno de esa comunidad, que es, en teoría, gobierno de todos, no derrama una lágrima por sus propios exiliados. No hace un gesto para que se queden. Es víctima, rehén, del monstruo que ha contribuido a crear.