Una conmovedora carta nos llega de Argentina, la Galicia de allá. «Esta es la historia de María y Manolo, sus protagonistas, y es la misma de miles de gallegos que llegaron hace algo más de 50 años a esta tierra Argentina con el afán de progresar, de formar una familia y darles a sus hijos una vida digna, sin lujos pero sin privaciones, un bienestar logrado a base de trabajo, honradez y sacrificios en todas las etapas de la vida». Así comienzan las entrañables líneas de Evaristo Oroña. La historia es también una historia de amor entre Manolo, «hijo de un pequeño labrador de un pueblo de Ourense» y María, reclamada por un hermano mayor y procedente de Pontevedra. Los dos trabajaban para una «adinerada familia de industriales que tenía su residencia en el lujoso barrio de Belgrano». Ella servía como «mucama» en la casa y él, carpintero, fue allá para reparar un mueble. María le preparó la merienda a Manolo, luego salieron juntos algunas veces y terminaron casándose, no sin vencer dificultades considerables porque «sus patrones no permitían el casamiento entre sus empleados». Trabajo Su vivienda -prosigue Oroña- fue una habitación en un inquilinato. Allí a pocos metros Manolo compartía un local con otro paisano zapatero, José. Todos los días se la veía a María, trabajando a la par de su esposo, serruchando, lustrando, poniendo tornillos sin descuidar a los hijos que luego llegaron y como ella siempre decía, gracias a Dios con salud (...)». Hoy Manolo y María ya pasan de los 70 años y, claro, no entienden cómo sus hijos «se quejan de este país». «Mi admiración y agradecimiento -epiloga Oroña Marcote- a los miles de Manolos y Marías que dejaron físicamente su aldea, su familia, sus amigos con el sufrimiento que eso significa, pero que siempre los han tenido en su corazón, han aportado todo lo que tenían a su alcance para que este país sea grande, y hoy lamentablemente tan castigado por el mal manejo de sus políticos». Una soberana lección para los gallegos que ahora recibimos a inmigrantes y, sobre todo, para aquellos gallegos que, a millares, fueron emigrantes no hace muchos años pero en determinados casos se diría que están perdiendo la memoria, a diferencia de lo que les sucede a María y Manolo.