EL CUADERNO AZUL

RAMÓN BALTAR

OPINIÓN

20 jul 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Por su colaboración en el arreglo de Europa y todo más, plugo al señor Aznar de premiar a mitad y cuarto del Gabinete con vacaciones anticipadas. La novedad ha sido recibida según mercado. Los aznaristas celebran la valentía y clarividencia del estadista. Y a fe que con título porque, con el viento a favor y el cielo despejado, un gobernante adocenado no tendría agallas para atacar tamaño reajuste (remodelación, en su espantable jerigonza) y arriesgarse a que la malicia vulgar lo desaprobara como bajo deseo de no compartir méritos con su equipo. Pero José María Aznar sabe que el pueblo sabio lo entenderá: ya que España va bien, nos cambia el Gobierno para que vaya de puta madre. Suelta de lastre Los resentidos, que son pandemia, interpretan la altura de miras presidencial por retorcida manera: suelta de lastre para no naufragar. Sostienen sin rubor que los ministros desalojados acusaban fuerte desgaste, por desuso o mal uso. Entre los inéditos apuntan a la Anna Birulés, que nunca fue y ya no es, y los dichos Juan José Lucas, Juan Carlos Aparicio y Jesús Posadas; por mal editados tienen a la dicharachera Celia Villalobos y al redicho Pío Cabanillas. (El dobladizo Josep Piqué, dicen, no fue para casa directo para evitarle visitas enojosas). De los intocables salvan a sólo Francisco Álvarez Cascos, cuya coherencia fomenta la ternura. El rescate de Rajoy Pero ni propios ni extraños encuentran la clave sucesoria. Unos señalan el rescate del gallego Mariano Rajoy desde el Ministerio de Interior, donde ejercer de gallego no basta para dar cuenta del recado. Otros se malician en la llamada a Eduardo Zaplana un intento de perderlo en campo minado. Y los más sagaces, en fin, ven en el aumento de aspirantes a la herencia una astucia del príncipe elector: si son muchos no se pueden marcar entre sí, y si luego sale un tapado, el (des)consuelo se repartirá mejor. Paciencia y barajar. La fórmula aznariana en coquinaria política podría llamarse: Ministrone patatero al aroma de urna . La sirvió muy caliente, con crema de diálogo y adorno de perejil fresco en islote. A Rodríguez Zapatero le encantó.