LA PEREJILA

PABLO GONZÁLEZ MARIÑAS

OPINIÓN

17 jul 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

La perejila es un viejo juego de naipes de notable duración y variadas suertes. El siete de oros es comodín y resulta ganador quien hace treinta y un tantos. A lo que parece, los vecinos marroquíes andaban en este juego. Las cartas las había repartido la imprevisión de nuestro Gobierno y ellos fueron mano en las primeras bazas y un tanto de los treinta y uno lo llevaron en seguida a su talego. Los otros jugadores se hicieron el longui: Prodi, veraneando en Arezzo; Bush, enfaenado en otras ocupaciones , y la OTAN -o témpora o moris!- mirando para otro lado. Estados no democráticos Malas cartas llevaba Aznar en todo esto frente a quien tenía el siete velo -léase la soberanía compartida de Gibraltar-, mucha astucia y la desvergüenza que caracteriza a los Estados no democráticos en su comportamiento internacional. No eran pocos sus triunfos en la larga carrera de los treinta y un tantos hasta Ceuta y Melilla. Éste era el quid de la perejila, no el cabreo de sentir ofendido el orgullo patrio por la ocupación de un peñasco que ni nuestro es. En tan mala situación, Aznar ha apelado al juego revuelto , igual que los marroquíes pretendieron una política de hechos consumados. Se acabó la perejila. Pero el juego no ha terminado.