¿HABÍA OTRA POSIBILIDAD?

ENRIQUE CURIEL

OPINIÓN

17 jul 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Probablemente no había otra opción que desalojar, con el mínimo riesgo personal para todas las partes, a los militares marroquíes que habían ocupado el islote Perejil teniendo en cuenta la actitud posterior de las autoridades de Rabat. España, nuestro Gobierno, se ha visto atrapado en una situación indeseada si atisbamos las repercusiones que la «diplomacia de fuerza» exhibida por el Gobierno de Marruecos podía tener. El primer ministro Yussufi, con el apoyo del Rey Mohamed VI, está librando un pulso con Madrid con el evidente deseo de medir la actitud de José María Aznar y de las fuerzas políticas españolas, en previsión del tratamiento de los conflictos que tenemos abiertos. La provocación en torno a un peñasco casi desconocido, aunque carecía se sentido militar, adquiría todo el sentido político para abordar los problemas estratégicos de la región desde una actitud de superioridad. Aceptar «de facto» la nueva situación por parte de España hubiera significado enviar a Rabat un mensaje equivocado en relación con Ceuta, Melilla y la situación del Sahara. Pero al mismo tiempo parece oportuno señalar la urgencia en retomar una amplia iniciativa diplomática y política para abordar la superación de la grave crisis abierta en las relaciones bilaterales. Restablecido el «statu quo» es necesario normalizar, en la medida de lo posible, la línea del diálogo y la negociación con serenidad, calma, inteligencia y evitando cualquier reacción xenófoba contra los marroquíes que viven, trabajan o viajan por España. Porque, ¿qué nos estamos jugando?, ¿cuáles son las claves de la situación?, ¿cuál puede ser la respuesta de Marruecos? Más allá del deseo de restablecer el «imperio de la ley», según la expresión de los responsables de Asuntos Exteriores y Defensa en su comparecencia de ayer en el Congreso de los Diputados, desde hace años se están concentrando intereses y presiones en torno al Estrecho de Gibraltar atendiendo a su importancia geoestratégica. Se trata del cierre del mar Mediterráneo, del control de las dos orillas del Estrecho y del problema de Gibraltar. Tras el final de la «guerra fría», los nuevos y viejos conflictos en el Mediterráneo y las consecuencias del 11-S, han incrementado el interés de diversos países por la coyuntura en el área. Desde la situación de Argelia, Libia, Chipre, los Balcanes y Turquía, hasta Oriente Próximo y el control del Canal de Suez, todos son puntos calientes de un mar conflictivo. Si a ello le sumamos la cuestión abierta en el Sáhara y la presión sobre las Islas Canarias, comprenderemos mejor la importancia de los acontecimientos. Y España no está bien situada. Tenemos que jugar las cartas con astucia porque estamos relativamente solos. Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña, por razones diferentes, no comparten nuestros intereses y juegan sus cartas. Ninguno de los tres desean que controlemos ambas márgenes del Estrecho. Y en relación con el Sahara, EE UU, aliado invariable de Marruecos, cambió de posición en el mes de abril y pasó a apoyar en la ONU a Marruecos manifestándose contrario a la celebración del Referendum. No lo tenemos fácil. Apoyemos al Gobierno y que éste se apoye en el Parlamento.